Cuatro palabras

18 de Marzo del 2020 - Alejandro González Lada (Urbiés (Mieres))

Cuando el viernes día 13 salía del trabajo no me imaginaba la que se nos avecinaba. Pese a las alarmas los contagios se producían en zonas muy concretas, no me imaginaba que de golpe se decretara el estado de alarma, y en solo tres días he llegado a la conclusión de que cuatro palabras definen perfectamente el estado actual de la nación:

Desleales. Li Wenliang era un doctor que alertó en diciembre de 2019 a las autoridades chinas de Wuhan del grave peligro que suponía el virus. La Policía le conminó a dejar de propagar falsedades y acabó siendo investigado, pero falleció víctima del coronavirus mientras intentaba curar a sus pacientes. ¿Fue desleal? ¿Actuaron tarde las autoridades chinas? Yo creo que este claro ejemplo sirve para que todos seamos conscientes de que las medidas tomadas, a toro pasado, siempre pueden ser criticadas sobre si fueron tomadas a tiempo o no; ocurrió en China, en Italia, en España, en Francia y por supuesto en Reino Unido, pero una vez que nos vemos metidos en el barro y el cieno nos llega a la barbilla, lo primero y más necesario es aunar fuerzas y luchar contra el problema. La palabra lealtad es una palabra hueca en boca de algunos personajes que aprovechan su aparición pública para apoyar con boca pequeña y abrir la caja de los truenos para criticar y solicitar entre otras cosas 100.000 millones de euros para los autónomos, cuando desde su formación política se acometió el mayor recorte que vivió nuestro país en cuanto a servicios básicos. Da la impresión de que este indigente moral no se enteró que no habrá elecciones, y ahora lo primordial es combatir la pandemia.

Profesionales. Todos tenemos amigos, conocidos, familia, trabajando en hospitales, ambulancias, cuerpos de seguridad, centros comerciales, servicios de limpieza, etcétera y cada vez que pienso en ellos veo una persona valiente, una persona que no necesita abrazarse a una bandera o gritar ¡Viva España! para cosechar elogios y aplausos, una persona que no necesita atacar a otra para erigirse como un ídolo, una persona abnegada, consciente de su valía, de lo imprescindible que es su servicio, de lo mucho que tardamos en verlo, y de lo que tuvo que pasar para que a una persona que trabaja como cajera o reponedora se la valore realmente.

¿Solidarios? Los aplausos, los espontáneos homenajes con solo de gaita, son llamativos, imagino que reconfortantes para los empleados de hospitales, ambulancias etcétera, pero salta a la vista que insuficientes. No lo digo yo, lo dicen los profesionales, los aplausos carecen de valor si tú no te quedas en casa, si te vas a tomar unas cañas pese al aviso y el hostelero no cierra, si te ríes del mundo sacando a tu perro a hacer las necesidades diez veces cuando antes no lo sacabas dos, si sales de casa para ir a la farmacia, vuelves y sales para ir a comprar, y no contento con ello, vuelves a repetir para ir al cajero, ¿tú crees que sirve de algo tu "gesto solidario" a eso de las 8 de la tarde?

Hace años, cuando los empleados de la sanidad se movilizaron y salieron a la calle, no pudieron sentir el apoyo de una sociedad a la que a pesar de las movilizaciones siguieron atendiendo, a pesar del criminal recorte infligido a la partida de Sanidad en beneficio de la banca. En aquellos tiempos, algunos ciudadanos eran conscientes de la problemática, porque eran pacientes crónicos o familia directa del afectado, y fueron viendo cómo el personal necesario escaseaba, las listas de espera se alargaban, se cerraban plantas y se limitaban camas, pero en aquellos tiempos protestar porque el dinero público acabara en manos de la banca no era de ciudadanos, era cosa de la oposición, y se decía que tanto el sector de la educación como el de la sanidad estaban manipulados. Hoy empezamos a verlo, y lo único que espero es que no sea demasiado tarde, porque algunos lo veíamos venir cada vez que nos tocaba esperar por una prueba, un tratamiento o una intervención.

Patriotas... de papel maché. Me harté de verlos una y otra vez en televisión, en los periódicos etcétera. Son personas admiradas por cierto sector de la población, con quienes no comparto ideología, credo ni posición, idolatradas en algunos casos hasta límites insospechados, de las cuales no puedo sentirme más lejos. Usted no puede pasearse por el mundo presumiendo de estadista, usted no puede dar lecciones a un presidente de Gobierno, usted no puede salir de su domicilio en Madrid y desplazarse a Marbella escoltado por sus guardaespaldas cuando hay un estado de alarma, porque el mal ejemplo de un madrileño anónimo saliendo en busca de la costa no es nada si lo comparamos con la censurable estampida de un expresidente del Gobierno de España.

Del mismo modo, me parece inaceptable que el señor Ortega Smith se desplazara a Italia pese a los avisos para importarnos una ración de virus a la italiana.

Sin tener nada que ver con el tema desarrollado, pero no por ello menos impactante, cabe reseñar la renuncia del Rey a la herencia del Rey emérito... para algunos todo un gesto, para mí un motivo más de vergüenza, porque díganme ustedes a mí, de no destaparse la denuncia de Corina y abrirse una investigación por la supuesta donación de 60 millones de euros, amén del capital que tendrá el emérito depositado en Suiza, ¿alguien se puede creer que Felipe VI hubiera renunciado al parné?

Espero que lo que está pasando sirva para que la solidaridad no sea exclusividad de una crisis, para que veamos dónde está el auténtico patriota, y que profesionales son todas esas personas que ejercen con diligencia, honradez y eficacia un trabajo, sea cual sea.

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