Diario de un confinamiento: pensamientos, sensaciones y experiencias entre las banalidades de una estudiante de 2º de Bachillerato.
Día 7. Primera semana finalizada.
Estoy convencida de que, hasta después de Semana Santa, tocará quedarse en casa.
A veces necesito que el mundo pare un ratito, y, bueno, ahora se está luciendo. Estamos acostumbrados a vivir tan deprisa y con tanto estrés que se nos ha olvidado cómo frenar.
Sin embargo, jamás pensé que iba a permanecer confinada en casa por una pandemia mundial; en serio ¿cuántas posibilidades había de que esto sucediese y, lo que es más, justo el maldito año de mi famosa y dichosa EBAU? Supongo que muy, muy remotas, pero las había, y me ha tocado pasar por esto, sin elegirlo, como el resto de estudiantes de mi quinta. Cuando crees que la vida no puede sorprenderte más, va y lo hace, importándole muy poco lo que estabas haciendo o tus planes de futuro.
Somos la generación que creció escuchando de fondo las noticias sobre el paro, desahucios, terrorismo yihadista, ébola y demás catástrofes, y somos la generación que alcanza su mayoría de edad en un año realmente desafortunado: incendios en Australia, el casi estallido de una tercera guerra mundial y una pandemia nunca antes conocida y brutalmente agresiva en su expansión por culpa de la globalización. Estoy esperando a que alguien encienda las luces del cine y anuncie que la película de “Matrix” ya ha finalizado; así me siento ahora mismo. O, por lo menos, que me dé más palomitas, porque esto va para largo. Cuesta creerse lo terrorífico que está siendo este 2020 y no llevamos ni tres meses, lo que a su vez significa que solo nos quedan nueve para cumplir todos nuestros propósitos de Año Nuevo. ¡Qué lejos se me antoja Nochevieja en estos momentos!
Mas aquí estamos los alumnos de 2.º de Bachillerato estudiando desde casa, y, la verdad, si antes ya estaba a favor de la educación a distancia, ahora más. Si lo pensamos fríamente, el invento de la escuela data del siglo XIX, pero aquí estamos, doscientos años más tarde, utilizando la misma pizarra y la misma tiza. Actualmente, todos los profesores y maestros nacieron el siglo XX y todos los estudiantes en el XXI, la “generación Z”. Considero, pues, que hablar de desfase generacional y de un sistema completamente obsoleto no es algo desquiciado. Pese a ello, resulta inviable poder preparar la EBAU de esta forma. Y es algo que me preocupa: su reorganización, los nuevos plazos... No quiero pasarme mi 18.º cumpleaños en pleno verano estudiando para preparar la selectividad. Pese a ello, sé que no debería quejarme, eso ahora no es lo importante. Soy consciente de que esto es tan solo la punta del iceberg de todos los problemas que esta crisis sanitaria está causando y que causará, porque después de esta situación podemos prepararnos para una fuerte recesión económica que no dejará indiferente a nadie ni a ningún país. Tocará romper la hucha del cerdito, solo esperemos que no esté vacía para entonces. Como todo, las arcas públicas del Estado no son infinitas.
No pretendo ser catastrofista, pero si analizamos la situación... resulta desesperante y desoladora. Hay personas que están perdiendo la vida por culpa del virus y otras que la están dando por salvar las de las primeras.
Por otro lado, me llena de tristeza pensar en todos los ancianos que viven solos y para los que estas semanas van a ser realmente duras, alejados de cualquier tipo de contacto social. Cuesta, y mucho. Afortunadamente, también me llena de orgullo y esperanza pensar, asimismo, en los profesionales sanitarios que se están esforzando día y noche para poder atender adecuadamente a los contagiados. Y, finalmente, imaginarme a alguna de mis amigas, que quieren ser enfermeras, ejerciendo su profesión el día de mañana me emociona enormemente.
Respecto a la población civil, pese a los cuatro listos de siempre que tardaron más de la cuenta en comprender la gravedad del asunto, nos estamos portando, demostrando que somos un pueblo unido, solidario y empático, que sufre angustiado por los fallecimientos que se están produciendo, lamentándose por los “y si hubiéramos...”, aunque de nada sirve martirizarnos así. Estamos aquí, ahora, y solo podemos tratar de frenar la curva, de ralentizar el tiempo de contagio para que los hospitales no colapsen y los sanitarios no se vean sobrepasados. Y lo estamos haciendo, nos estamos quedando en nuestras casas y estamos empezando a volver a valorar el tiempo que pasamos con nuestros familiares y la importancia de construir un hogar. Somos la España de los balcones y de los aplausos en honor de la labor médica: lo mires por donde lo mires, es precioso.
Aunque cueste asimilarlo, estamos en estado de alarma. Nos estamos enfrentando a la enfermedad, que no distingue entre ricos y pobres, hombres y mujeres, razas o edades. Tampoco entiende de fronteras o nacionalidades, y mucho menos de amor, duele darse cuenta de que, desgraciadamente, un “te quiero” no es arma suficiente para combatir el virus ni asegura que la persona a la que se lo digas vaya a estar bien.
Por suerte, aquí, en Asturias, todo parece ocurrir con relativa distancia; aun así, no podemos confiarnos, el HUCA ya cuenta con decenas de casos positivos. Y la cosa se está poniendo cada vez más fea. Quizá Jorge Manrique tenía razón al afirmar que todo tiempo pasado fue mejor... aunque, pensándolo bien, el escenario de la Gripe Española de 1918 no me parece especialmente atractivo (¿acaso será esta una pregunta del examen de Historia de EBAU de este año?) Pero pasará, como todo, y el tiempo convertirá esta crisis en un vago recuerdo.
Por último, solo quiero volver a agradecer personalmente el esfuerzo y sacrificio de los sanitarios (como el de mi querida tía Eva) por paliar esta crisis y ayudar a solventar los problemas con los que todos los días se encuentran una vez que se arman con sus batas blancas. Y pedir a las autoridades educativas que, de una vez por todas, reformen y remodelen el acceso a la Universidad de los estudiantes españoles y diseñen un sistema parecido al británico o al americano. No podemos jugárnoslo todo a una carta, al infame examen de la EBAU, ni tampoco pueden, después de dos años de intenso trabajo y dedicación, dejarnos tirados. Vamos a heredar el mundo que nos dejen, y entonces el peso del sistema recaerá en nuestros hombros. Deseo profundamente que estemos a la altura, pero eso dependerá en gran medida de las actuaciones que ahora lleven a cabo. Dadnos la oportunidad de cumplir nuestro sueño universitario de la mejor forma posible. Hemos luchado por ello, y hablo en mi nombre y en el de muchos de mis compañeros, con sangre, sudor y lágrimas, solo hace falta que nos deis la oportunidad de hacerlo realidad.
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