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De cuando éramos felices y no lo sabíamos

21 de Marzo del 2020 - Elena Bravo Delgado (Oviedo)

Despertarte una mañana de domingo, escuchar el exprimidor del vecino, ver a Geli sacudiendo las sábanas y ver a tu pareja aún en la cama haciéndose el remolón para no tender la colada...

Disfrutar de un buen café mirando por la ventana cómo familias se dirigen a la pista finlandesa a pasear, correr o simplemente disfrutar del buen día de sol.

Llamar a tus padres para preguntar qué hay de menú, oírlos discutir por las banalidades de siempre, llamar a tu abuela y que te cuente qué se ha hecho en la peluquería esta semana o con quién ha ido a misa o a tomar un café.

Estresarte con el trabajo, con los clientes... hacer una lista de cosas pendientes para cuando tengas un rato para ponerte al día. Pensar en el futuro, en las vacaciones o en la cena con amigos del próximo sábado.

Preocuparnos...

Preocuparnos del mañana, de esos ríos que aún no han llegado y para los que no sabremos si para cruzarlos necesitaremos un puente, una barca o servirá con un leve salto.

Vivíamos tan deprisa que no éramos conscientes de lo verdaderamente importante, estar vivos. Perdíamos el tiempo con personas que no lo merecían, con asuntos que no nos llenaban y que nos robaban esos preciosos momentos con los nuestros. Dedicábamos cada esfuerzo en temas que no nos resultaban ni tan siquiera interesantes en esos momentos, pero era la corriente, la monotonía, el día a día...

Algunos teníamos el privilegio de poder trabajar en aquello que amábamos, con sus rutinas, pero las habíamos elegido y nos encantaban. Otros iban sobrellevando los días con el único fin de conseguir el tan ansiado sustento.

Ahora que hemos parado, que la vida nos ha obligado a detenernos, es reflexión obligatoria para todos pensar en lo que somos cada uno de nosotros como individuo y en lo que podemos ser y aportar como sociedad. Desmaterializarnos, hacernos menos egoístas y que nuestros objetivos vayan más en concordancia con la búsqueda de una bien mayor, un legado, un sentirnos orgullosos por nuestra aportación en el mundo. No se trata de alcanzar un ego mayor, ni una repercusión o notoriedad por encima de nadie, sino de encontrar esa satisfacción mayor de haber logrado aportar nuestro pequeño grano de arena para construir una sociedad mejor, con valores, colaborativa, esforzándonos por dar lo mejor de nosotros en el ámbito que nos ocupe. Siendo responsables, evolucionando, creando seres humanos que eleven sus capacidades personales a la máxima potencia. Haciendo un conjunto humano y social más fuerte y concienciado.

Ocuparnos...

Dejar de preocuparnos y comenzar a ocuparnos, es debería ser el leitmotiv, el motor que guíe y redirija todo este renacer como sociedad. Cargarnos de serenidad, de empatía y de conocimiento. Conocimiento, análisis y respuesta. Somos seres humanos, aunque seres torpes y testarudos, cargados de inteligencia. Empleémosla, es un don infravalorado. Ocupémonos de nuestros mayores, reconozcámosles su valor y entrega, su dedicación y protejámoslos. Eduquemos a nuestros pequeños en la consecución de metas de equipo, en la salvaguarda del compañero y en el respeto a todo ser humano y a la naturaleza, la gran olvidada. Protejámoslos (y protejámonos) igualmente de las banalidades, inculquémosles el espíritu de sacrificio, entrega y esfuerzo.

Rindamos homenajes a aquellos que han vivido bajo este sino, y no a aquellos que han sido egoístas, presuntuosos o ególatras. Ratifiquemos que una aportación en cualquier materia al equipo de la sociedad siempre pesará más que un hobby o un entretenimiento de masas. Luchemos por premiarnos con equidad, enseñemos al que no sabe, compartamos los conocimientos y no premiemos la vagancia o la inoperancia. Olvidemos igualmente el enfrentamiento, al menos por unos días...

Si somos capaces de aprender y aprehender de todo esto, optimizar tanto aquellas experiencias positivas como las negativas y aunar esfuerzo común, saldremos reforzados como sociedad. Nunca jamás volveremos a olvidar ni a desechar el verdadero significado de la palabra felicidad, al tiempo que no perderemos de vista, en el horizonte, lo francamente importante.

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