¿En qué estaría yo pensando?
Comprendo ahora el porqué de las canas prematuras de los presidentes de la nación, que más que fruto del ADN personal parecen fruto del desastre nacional. Sale a veces don Pedro a la palestra resignado ante la evidencia de que todo va mal y más convencido que nunca de haber perdido la cabeza el día en que se levantó ciudadano ejemplar y paseando, cual pajarillo por las calles de Madrid, decidió, confundido por el CO2 de la capital, presentarse a presidente de un país que toma caña y tapa mientras hace un monumento al Pera y se merienda al Premio Nobel de la Paz.
Preocúpese, presidente, pero llegarán tiempos mejores en que amanecerá despejado viendo la tormenta ya atrás y algún laurel también le caerá si consigue piropear con arte sin ser detenido por abusar. Tendrá que lidiar con el virus y con algo más que dejará huella en la negritud de su melena y que lo bajará del pedestal a la realidad o lo encumbrará al selecto olimpo de los elegidos por el pueblo para gobernar y que acabaron canos mereciendo su reconocimiento y gratitud. Ánimo para aguantar y tiempo, si eso, para disfrutar.
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