Personas y personajes
Cuando hablamos de personas lo hacemos para referirnos a cualquiera de nosotros, pero cuando decimos de alguien que es un “personaje” queremos dar a entender que ese alguien destaca por sus cualidades o conocimientos. Me estoy refiriendo a ese tipo de personas que, sin pretenderlo, nos sorprenden por cómo son, por cómo actúan y por lo que transmiten. Seres humanos que encierran una sabiduría innata, natural, desprovista de estereotipos o de convencionalismo tan al uso hoy en día.
Hoy hablaba con mi hija Amaya de su profesor de yoga, al que venera, un prestigioso maestro de esta disciplina que imparte sus clases en Marbella. No le conozco personalmente, aunque he escuchado varias de los audios que envía estos días de confinamiento a sus alumnos y alumnas.
Por lo que cuenta mi hija, yo diría que Fermín Suárez, que es como se llama su profesor, es lo que yo entiendo por personaje, y así se lo he dicho a Amaya, que ha asentido con un rotundo “Ya lo creo, papá, es un auténtico personaje”.
Algo intrigado por la personalidad de Fermín, mientras Amaya daba su clase “online”, totalmente concentrada, yo escuchaba a hurtadillas las palabras que salían del altavoz y quedaba totalmente fascinado por un “personaje” que estoy deseando conocer. Más tarde le he preguntado a mi hija si Fermín es más persona o personaje y me ha dicho que no sabría qué decirme. Yo diría, sin conocerle, que tiene algo de los dos, porque no se puede ser persona sin ser personaje, salvo en la ficción, y no creo que Fermín finja en absoluto, porque vive su oficio con pasión, con una entrega total y porque, para él, “el amor es devoción” y lo proyecta a raudales.
Espero emocionado tener la oportunidad de saludarle en la presentación de su libro en Madrid, un libro muy esperado, según parece, que será un compendio de más de treinta años de la experiencia profesional de una vida dedicada al yoga, y que estará en las librerías próximamente. Será su primer libro, pero no el último, porque Fermín Suárez es todavía muy joven y aún tiene mucho que enseñar.
Uno se imagina a los viejos profesores de yoga como venerables ancianos de larga melena blanca, impartiendo sus clases pausada y ceremoniosamente. Fermín, sin embargo, es una persona joven, moderna, dinámica, muy divertido, cuando sale de marcha y con un gran sentido del humor, según cuentan sus alumnos, Y bastante calvo, por cierto, a tenor de las imágenes que he podido ver de él en Google, por lo que no debe tener ni un pelo de tonto.
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