Carta a Paloma Gázquez (y demás políticos)
Estimada señora Gázquez, leo en LNE del día de ayer su “diario”, en el que refleja “una sensación de abandono”. Curiosamente, el mismo día que a usted, “pese a los dos días de espera” le hicieron el test, es decir, el pasado domingo día 15, yo empezaba a cursar fiebre y diarrea, lo que también a mí me puso en guardia.
Continúo leyendo sus reflexiones y constato que nuestros procesos han ido muy en paralelo: yo también he sufrido diversas molestias, fiebres que han llegado a ser altas y preocupantes, pérdida repentina de olfato y gusto, inapetencia, dolores musculares, digestivos y de cabeza... todo el cuadro típico que nos regala el “bichín”. También yo he perdido los nervios y la paciencia, sobre todo cuando en el servicio telefónico me han dejado horas y horas a la espera de ninguna respuesta ni solución. También yo he sufrido un rosario de llamadas sin respuesta.
Al igual que usted, no he salido de casa por responsabilidad (y por decreto) para evitar el contagio y la expansión del virus, y también a mí me ha realizado un seguimiento telefónico mi médica de cabecera, mujer amabilísima y totalmente sobrepasada por la situación, superada por la realidad y los protocolos cambiantes e impotente al no poder hacer más de lo que ya humanamente estaba haciendo, hacia la que no puedo tener más que elogios. La misma profesional que hoy mismo me ha asegurado que me está tratando y “contabilizando” como un caso claro de COVID-19.
Sin embargo, hay una pequeña, mínima diferencia entre nuestros casos, pero no por ello esta es menor: yo soy un simple y anónimo ciudadano, no un político como usted y muchísimos otros (y sus familias, como me han hecho llegar ciertas personas bien informadas), y por tanto no he tenido ni tengo a día de hoy derecho a ser evaluado.
Oficialmente no puedo decir que estoy ya casi superando la infección, y por tanto tampoco sé si podré en algún momento salir mínimamente a lo más básico sin peligro para la comunidad, o incluso podría salir antes (en el más que improbable caso, visto lo visto, de no haber cursado la enfermedad). Así, mientras usted espera “que le hagan pruebas para comprobar que ya da negativo”, yo sigo a la espera, en la casilla de salida, de que alguien tome cartas en el asunto. No será por que no haya dejado mi tiempo, mi paciencia y mis datos en múltiples ocasiones en los números facilitados (aunque lo de “facilitar” sea más bien un chiste malo).
Una última reflexión: ojalá llegue el día en que toda la clase política se dé cuenta de que son ellos los servidores de la sociedad, y no al revés. Que por ser precisamente los elegidos por el pueblo democráticamente se deben a él para servirle y no se deben servir de él para su propio interés.
Solo me queda desearle una pronta recuperación, a usted y a todos los políticos y familiares que, como ya he dicho, sí tienen el privilegio (llamemos a las cosas por su nombre) de la información y la atención sanitaria prioritaria pese a no haber criterios objetivos para gozar del mismo, a mi entender.
Reciba un cordial saludo.
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