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La culpa no era de las vacas

26 de Marzo del 2020 - Cristina Rubio Riesgo (Cudillero)

La culpa de la contaminación es de las vacas. Eso es lo que se viene diciendo desde hace un tiempo. En una sociedad con un ritmo de vida insostenible que genera consecuencias nefastas a nivel medioambiental, la culpa es de las vacas. En una sociedad que aglutina la mayor parte de su población y actividad en unas pocas ciudades, despoblando el mundo rural, la culpa es de las vacas.

Y de repente, llega un virus, una pandemia global que nos obliga a parar prácticamente de golpe. A la vez que este virus llega y la sociedad para, la naturaleza se estabiliza. Sus aguas se dejan de contaminar, sus bosques se dejan de talar y su aire se deja de envenenar... Y así, la naturaleza coge aire en un momento en el que se estaba ahogando. Por fin, descansa.

Tras esta inusual situación a causa de la pandemia global, cabe reflexionar si todo el aluvión de críticas que lleva tiempo recibiendo el sector primario son coherentes y apropiadas.

Quizá, la más dolorosa de las críticas sea aquella que señala como culpables a sus animales. Aquellos que por su condición de rumiantes generan CO2 a través de sus gases y por ello son señalados como causantes del aumento de la contaminación. ¿Puede ser adecuado señalar a un animal como principal responsable?

Estos extraños días de confinamiento sirven para reflexionar, empezando por datos como la bajada tan significativa de la contaminación a nivel global.

Los animales siguen ahí. Siguen comiendo. Siguen generando gases. El sector primario sigue trabajando porque sobre ellos recae la responsabilidad de alimentar al mundo.

¿Cómo entonces podemos explicar que la contaminación puede ser causada principalmente por vacas, ovejas o cabras?

Si bien es cierto que este sector, al igual que otros muchos, ha sido forzosamente industrializado en los últimos tiempos generando de este modo consecuencias perjudiciales para el medio ambiente, muchas personas han decidido mantener su actividad con unas prácticas más sostenibles. Un ejemplo de esto es la ganadería en extensivo, conocida como el pastoreo.

Esta práctica es beneficiosa para nuestro entorno ya que, por un lado, mantiene limpios nuestros montes, previniendo así los incendios y fomentando nuestro “Asturias, paraíso natural”, que no sería el mismo sin la actividad agraria, en general, y el pastoreo, en particular. Por otro lado, favorece el bienestar de sus animales y el mantenimiento de nuestra cultura.

Por tanto, esta pandemia nos deja ver diversas reacciones, desde las más solidarias y altruistas hasta los carros de supermercado llenos de egoísmo. Mientras tanto, el sector primario espera que esos carros llenos, gran parte gracias a su trabajo y esfuerzo, susciten una pizca de razonamiento para darnos cuenta de la importancia de este sector y de que, quizá, deba ser apoyado con más ahínco por la sociedad.

No obstante, podemos estar tranquilos, ellos y ellas seguirán trabajando para que no nos falte el alimento. Finalmente, podemos ver que la culpa de la contaminación no era de las vacas.

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