Las lecciones que nos va dando el coronavirus
Las situaciones de crisis y de graves problemas constituyen un reto para las sociedades que han de afrontarlas, puesto que descubren el verdadero valor de los ciudadanos y, naturalmente, la capacidad de los dirigentes que han de guiar a aquellas en el difícil camino hacia su resolución. La Historia, maestra de vida, que el sistema educativo español se empeña en ignorar cuando no falsear, nos muestra ejemplos tanto de momentos en los que las élites coinciden con un pueblo llano valiente (¡cómo entender de otro modo la conquista y civilización de América!) como de circunstancias vividas en las que este pueblo es ejemplar frente a la estulticia de sus élites (¿se entenderá de otro modo la Guerra de Independencia?).
En el momento actual, parece que han coincidido en la crisis del COVID-19 unos ciudadanos amorfos, indolentes, impregnados de valores consumistas y egoístas en general, con el peor gobierno de la Historia de España desde Fernando VII, incluyendo las “dosis” que hemos padecido en los últimos años de los masones: el inicuo Rodríguez Zapatero y el traidor Rajoy Brey. Digo esto con todas las reservas pues es evidente que, gracias a Dios, existen personas formidables, con valores auténticos, reales, ejemplos vivos y reales de lo que ha de constituir una “unidad de vida”, no solo en el sentido cristiano sino, más extensamente, moral de la palabra pues ya sabemos que, si no actúas como piensas, terminarás pensando como actúas.
Ejemplos de estas últimas personas lo estamos viendo hoy con todos aquellos que están manteniendo su lucha contra el coronavirus ayudando a los demás; en primer lugar, todo el personal sanitario en la primera línea de combate, pero además todos aquellos que están contribuyendo a que nuestra sociedad sobreviva: los dependientes de comercio de alimentación, transportistas, personal de limpieza, etc., merced a su sacrificado trabajo diario.
Se suele decir que las sociedades tienen los dirigentes que se merecen. No creo que sea del todo cierto. El diablo es muy astuto (el Evangelio, Lucas, 16,1-8, dice que los hijos del mundo son más astutos que los hijos de la luz) y, a veces, emboba a los hombres totalmente. Eso es lo que ha sucedido con nuestro gobierno (con minúsculas) actual, pues sinceramente creo que los españoles no nos merecemos unos dirigentes de tan escaso valor intelectual, moral, representativo, ejemplar, carentes de crédito, ineficaces e inmerecedores de confianza. Saldremos de esta, y será por el esfuerzo de los españoles, no por la dirección de sus representantes, por lo que, buscando el aspecto positivo, hemos de tener esperanza en que los ciudadanos de nuestro país volvamos a una senda de valores comunes compartidos al tiempo que no perdamos la memoria que la Historia nos ayuda a conservar.
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