El virus y la cigüeña
Maratoniana ha sido la reunión del Gobierno, el sábado 14, para darnos a conocer a la ciudadanía el plan que sus excelencias tienen para combatir y acabar con el virus ese que la China comunista nos ha largado a todos los demás terrícolas, cuyo virus, al parecer, incubaron los amarillos asiáticos por comer bichos raros y asquerosos. Bueno, es de “vox populi” de que allí las ratas son un plato exquisito, que hasta se enlata. Y luego, eso: “Calne de lata, pelo de lata que cole”. Los que “colemos” ahora somos nosotros, porque ese cabronazo de virus nos viene pisando los talones por todos los lugares y rincones. ¡Manda riñonrd! (léase lo otro).
La comparecencia del presidente del Gobierno ante los medios informativos nacionales es un tanto retrasada, cuando el caso requería inmediatez, antes de que el virus se expandiera, como lo hizo, por todas las comunidades, sobre todo en Madrid, con un serio balance de fallecimientos. Todos los demás países de la maltrecha UE nos ganaron por la mano. Italia, por ejemplo, que es en Europa la más afectada por lo que es ya una mortífera pandemia. Que nos dejará sumidos en otra crisis económica peor que la anterior, que aún nos sigue dando fuertes coletazos.
Todas las comunidades cumplen lo determinado para combatir y acabar con el virus, menos Cataluña, porque el enfermizo separatismo que preside el sedicioso presidente señor Torra, eso es cosa de su Gobierno. No tendrá más remedio que pasar por el aro constitucional, pero esto es una demostración más de que este Gobierno de coalición, tan disparatado, no llegará a comerse el turrón.
Posiblemente alguna estimada lectora o lector (la mujer siempre preferente y por delante del hombre, no solo al cruzar una puerta, por ejemplo, sino en todo lo demás) dirá que qué tiene que ver la cigüeña con el virus chino. Pues mucho, amigos, como vamos a ver y considerar. Un preámbulo: Creo que fue en Nueva York, hace unos años, cuando se produjo un apagón de luz que duró toda una larga y tenebrosa noche, que obligó a todos los neoyorquinos a meterse en la cama, cuya consecuencia de tanto catre fue que, nueve meses después, nacieron allí niños como churros. Y esto es lo que va a ocurrir aquí, pero en una cuantía más elevada, porque tenemos un obligado confinamiento en casa de muchos días con sus correspondientes noches. En nuestro caso, dentro de nueve meses la cigüeña va a tener que echar horas extraordinarias para traer niños de París. Naturalmente, esto rebajará notablemente el serio problema de natalidad, que habrá que agradecer ahora al coronavirus. Sí, no hay mal que por bien no venga.
Además de lo expuesto, este largo confinamiento en casa va a traer de todo, cansancios, aburrimientos, discusiones, enfados y problemas con los niños los que los tengan. Y la mujer, como siempre, la que paga el pato y las consecuencias de cuanto ocurre en el hogar, del que es su mayor sufridora.
No, esto es injusto, lo que se tiene que hacer es feliz y agradable este obligado encierro en el que por fin, o el virus, la familia se encuentra reunida en ese santuario que es el hogar.
Que pronto sea vencido y exterminado el coronavirus, con la gratitud de todo el personal sanitario que lo está combatiendo, militares, policías nacionales, locales, comunitarios, guardias civiles y cuantas otras personas que de alguna manera han contribuido en la lucha contra esta mortal pandemia. Y nuestro pesar y sentimiento a familiares de las víctimas del virus, doloroso recuerdo de esta tragedia. Y que ella, por encima de ideologías políticas y partidos, marque un antes y un después en nuestra convivencia y solidaridad en una España mejor de todos y para todos. Y hermanados todos y unidos, venceremos al virus.
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