Tiempos del coronavirus
Prácticamente toda la civilización está en guardia, con las espadas en alto, esperando a ese misterioso virus, que empezó su guerra particular en China, hace dos meses. Desde su país de origen pasó a Italia y a continuación a nuestra tierra España. Después se fue extendiendo por el resto de Europa, África y América.
La aparición de esta epidemia en nuestro país al principio no fue tomada en serio, pensando que era una gripe más, hasta que cayeron los primeros pacientes. Desde la Unión Europea, Comisaría de Sanidad, aconsejaron que se tomasen medidas drásticas para atajar la enfermedad. Cuando las mismas se llevaron a cabo, ya era tarde, la pandemia estaba extendida por la mayor parte del territorio nacional. La Comunidad de Madrid y la de Cataluña eran las más afectadas. Luego se sumó el País Vasco, como la tercera más afectada, y el resto de comunidades. Por suerte Asturias no es de las más afectadas, por ahora.
No cabe duda de que este fenómeno sanitario no se da con frecuencia, y menos con las características tan alarmantes como las que estamos padeciendo. Si se desconoce el origen de este virus, habría que pensar que la coincidencia del año en que vivimos, que es bisiesto, podría tener algo que ver con dicha enfermedad contagiosa. En otras épocas hubo catástrofes naturales, como terremotos, que coincidieron en año bisiesto.
Sobre la aparición de esta enfermedad hay opiniones para todos los gustos. Hay quien dice que la culpa de todo esto la tiene el Gobierno de Pedro Sánchez, por haber sacado del Valle de los Caídos a Franco. La explicación es: desenterró a un muerto y ahora no dan abasto a enterrar a las víctimas del coronavirus.
Es casi seguro que vamos a salir de esta crisis, ya que las medidas adoptadas van en esa dirección, pero después de que pase esta pandemia, deberán de pedirse responsabilidades por las negligencias cometidas, sobre todo por haber permitido las manifestaciones del 8M, que dieron lugar a miles de contagios por las aglomeraciones de gente. Ejemplos los hay, las ministras que estuvieron en la manifestación de Madrid quedaron contagiadas, la de Igualdad, la de Administración Territorial y ahora la vicepresidenta Sra. Calvo. También en la familia del presidente del Gobierno hay contagiados. El vicepresidente segundo, Sr. Iglesias, está en cuarentena, ya que convive con Irene Montero, que tiene coronavirus.
A este cúmulo de despropósitos hay que añadir las confusas noticias que se dan en relación con la pandemia del coronavirus. Le están dando mucho bombo a la situación creada desde que se estableció la alarma en la población. Digo yo, ¿es que solo se muere gente por ese virus? Creo que no, pues mirando en los periódicos el número de fallecidos día a día, comparándolo con el número de esquelas que se publican, hay más fallecimientos por otras enfermedades o causas naturales que por culpa del maldito virus. En el primer semestre de 2019 la media de fallecimientos fue de 1.190 por día. En los once días que llevamos de confinamiento, la media de fallecimientos por la pandemia es de 270, lo cual quiere decir que hay muchos más decesos por otras enfermedades o causas naturales que por los producidos por esta epidemia. Creo que se está utilizando el coronavirus para tapar otros asuntos que son preocupantes para la población.
Las consecuencias que va a traer esta crisis sanitaria sin precedentes son incalculables. No voy a enumerarlas aquí porque sería pecar de tragedia en exceso. Ya que no estábamos preparados a enfrentarnos a ese virus, debemos de hacerlo para recuperar la normalidad cuando desaparezca la pandemia. El coste final de todo ello va a tener muchos ceros. A juzgar por las medidas que se van a adoptar, a muchas personas perjudicadas por esta crisis sanitaria, les va a beneficiar la misma ya que no tendrán que pagar el alquiler de la vivienda, ni les podrán cortar el suministro de agua, luz y gas, mientras se mantenga esta situación. Medidas populistas que tendrán su coste final en el bolsillo de los contribuyentes. Al igual que lo tendrá lo de viajar gratis en los autobuses urbanos. Llevar viajeros, gastando gasóleo y pagando salarios con la máquina expendedora de tiques apagada, no parece una buena medida. Es de suponer que esos viajeros serán trabajadores que están prestando su servicio en centros de trabajo abiertos, y por lo tanto pueden pagar su billete como lo hacían antes de la crisis.
Lo que sí quiero decir es que el Gobierno no ha estado a la altura necesaria para gestionar esta crisis. Sobre todo, el Presidente, que se dedicó a ocupar espacios en la TV pública para no decir nada, aparte de mezclar el tocino con la velocidad. A que venía lo del ahorro del queroseno, cuando los aviones no vuelan. O de presumir de que tenemos la mejor red de fibra óptica, qué tendrán que ver ambas cosas con el coronavirus. Rara es la vez que este hombre no mete la pata hasta el cuezo.
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