Hay que saludar a la primavera
Y alegrarse por haber entrado en la nueva estación después de un invierno triste y oscuro. Ahora toca sembrar y esperar una buena cosecha.
De nada sirven los lamentos. Hay que sobreponerse al desaliento y mirar hacia adelante, sin olvidarnos del pasado para no incurrir en los mismos errores y sacar algo positivo de tan terrible experiencia.
Si con la llegada de la primavera se empiezan a suavizar las medidas restrictivas que nos tiene confinados, será el momento de comenzar una nueva vida y una nueva forma de relacionarnos, porque ya nada será como antes.
Después de tanto dolor, deberíamos ser más solidarios y ver el mundo de otra manera, con otra perspectiva, y no mirarnos tanto el ombligo. Ser, en definitiva, menos egoístas y mejores personas, porque si algo hemos aprendido de esta debacle ha sido el saber apreciar y reconocer el valor y la generosidad de los profesionales sanitarios. También el de los sectores que han estado “al pie del cañón” para ofrecernos los servicios indispensables mientras la mayoría permanecíamos en nuestras casas, y los de tantos otros héroes anónimos que han ayudado a construir, con su granito de arena, una enorme montaña de gestos humanitarios que merecen el mejor de nuestros aplausos.
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