Etiquetar a las personas con autismo atenta contra su dignidad
Pienso que la naturaleza nos está cobrando todo el mal que le estamos haciendo durante muchísimos años, y a la larga todo se paga (o eso dicen). No hemos respetado ni la flora ni la fauna del planeta Tierra y ahora nos lamentamos cuando los virus nos atacan.
El calentamiento global propicia la propagación de enfermedades infecciosas a nivel mundial, pero parece que a nadie le importó y todos hicimos caso omiso.
Ahora el coronavirus nos ha bajado del pedestal y nos recuerda a todos que hay que ser más humildes, no pensar (como hacen muchos) que son la élite y esas cosas de que los bichos les ocurren a los harapientos y desarraigados.
El bicho no entiende de razas, fronteras, color político, etc., pero con él merodeando por el mundo estoy viendo cómo saca lo peor y lo mejor de las personas.
Lo peor es ver cómo cada uno mira para sí sin importarle lo que les ocurre a sus semejantes, en los balcones muchas personas sacan el o la cotilla y el odio que llevan dentro y se dedican a insultar y amenazar a las personas que por causa mayor están en la calle y la “Gestapo del patio de vecinos” saca toda la artillería pesada contra esa persona sin pararse a pensar que si están es por algo, por ejemplo:
Enfermeras que llegan a casa a las tantas después de haber estado trabajando en el hospital a contra reloj para atender a pacientes que están muy graves.
Niños o adultos con autismo que en algunos casos necesitan salir como medida terapéutica y que además es una de las excepciones que se añadieron al real decreto del estado de alarma el pasado 17 de marzo. Hay que pensar que cada persona es distinta y también sus necesidades, y no soy quién para decir lo que cada padre o madre debe hacer, pero esto del coronavirus es muy grave, tenerlo presente a la hora de decidir si salen o se quedan en casa es para analizar a fondo los pros y los contras.
Mi opinión al respecto es que mejor todos en casa, ellos también, porque si todas las familias sacan a sus hijos estarán corriendo riesgos que tal vez les perjudique más que beneficie, solo con pensar que si se contagian tendrán que estar solos en el hospital, sin una mano que les consuele y dado sus características, dudo mucho que el personal médico pueda hacer algo para calmarles como no sea sedarles; así que mejor en casa porque las consecuencias pueden ser nefastas y más para ellos.
Pero a los cotillas de los balcones todo eso no les importa, mejor se dedicaban a hacer mascarillas para ser útiles o simplemente quedarse calladitos.
Para nada estoy de acuerdo con salir con un pañuelo o brazalete azul para evitar los insultos dirigidos a las personas con autismo.
Las etiquetas y los marcajes, para la gentuza que solo sabe escupir su odio desde los balcones.
Las madres y padres de personas con distintas capacidades llevamos luchando toda la vida para quitarles las etiquetas que esta sociedad tan solidaria les ha puesto de por vida.
Si por fuerza mayor necesitan salir, no tienen por qué ir marcados como por desgracia en épocas para no recordar hicieron con los judíos.
¿Pero esto qué es? A la vista está que en estos tiempos que corren se ve cómo van asomando la patita los insolidarios cotillas, esa gentuza nunca ha tenido consideración con estas personas, pero ahora si las ven en la calle ponen el grito en el cielo; a ellos los quisiera ver yo en nuestros zapatos, igual cambiaban de opinión, mejor se leen el BOE y dejan de echar bilis por la boca.
Nuestros hijos/as están demostrando más civismo que muchos descerebrados que salen de casa con la excusa de ir a comprar y en vez de hacerlo una vez a la semana van varias veces al día con el riesgo que esto conlleva no solo para ellos, también para quien está cara al público en las tiendas o supermercados, o también los que con la excusa de sacar a su mascota se dan largos paseos, cuando lo que está permitido es que sus necesidades las hagan al lado de casa y en diez minutos para casa, al menos así hago yo.
También está la parte buena, la solidaridad de las personas que en estos momentos se unen para aportar lo que buenamente pueden, toda ayuda es poca y siempre es bien recibida.
En estos momentos tan difíciles para todos es cuando sabes quiénes están al lado de uno aunque, por razones obvias, sea en la lejanía.
El coronavirus nos está enseñando que se puede prescindir de muchas cosas que primero pensábamos que eran necesarias (peluquerías, tiendas de ropa y complementos, perfumerías, etc.); cuando esto pase y nos encontremos por la calle no nos vamos a reconocer, estaremos a cara lavada y con canas, pero no nos va a importar porque estaremos vivos para contarlo.
Lo que debemos de preocuparnos es de que el personal sanitario tenga todos los recursos para frenar esta pandemia, que se les dé la protección de la que carecen para protegerse y protegernos y que todos tengamos en cuenta que la sanidad pública es la que se está exponiendo por todos nosotros, esa sanidad que sometieron a salvajes recortes quienes ahora cuando están enfermos acuden a ella.
Los mismos recursos necesitan todos los que están en sus trabajos dándolo todo para que a los demás no nos falten alimentos, medicamentos y un largo etcétera.
Gracias al Ejército, Policía, Guardia Civil, Protección Civil, Bomberos, personal sanitario, limpiadoras, camioneros, trabajadores de supermercados, panaderos, personal de ayuda a domicilio, farmacéuticos, kiosqueros, barrenderos, medios de comunicación (periódicos, radio, televisión).
Sin olvidar a los alcaldes, sobre todo a los que están a pie de calle siempre velando por el bienestar de todos.
Es hora de estar unidos todos apoyando al Gobierno y seguir las pautas que nos van marcando, dejar las diferencias para cuando esto pase, ahora toca ser una piña.
Quedarnos en casa los que lo podemos hacer es una obligación y un deber que tenemos para quien está en primera línea luchando contra el maldito virus, no les defraudemos.
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