Los "y tantos" y las décadas prodigiosas
La vida rula tan deprisa que ya no cumplimos años, sino décadas. Se entra en los treinta, los cincuenta o los ochenta a una velocidad de vértigo.
Hasta hace poco yo me ponía años para que me encontraran más joven, pero a medida que me acerco a los 80, para los que me queda un suspiro, si alguien pregunta por mi edad respondo con naturalidad que tengo setenta y tantos y me quedo tan pancho, porque me engaño a mí mismo, tengo todo el derecho de hacerlo, y al que no se lo crea que le den protocolo, como diría un amigo que se quedó en los treinta y tantos hace ya varias décadas.
Escribo estas líneas mientras comparto confinamiento con mi hija mayor, que hoy cumple la mejor de las edades, que es, precisamente, la que se cumple, porque la mejor edad, siempre, es la que se tiene.
¡Felicidades, Amaya! Y que disfrutes de tus cuarenta y tantos como vienes haciéndolo desde que llegaste a este jodido mundo en el que cada uno se defiende como puede y en el que ahora compartimos confinamiento, y lo hacemos sintiendo y sintiéndonos minuto a minuto.
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