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Mirando hacia delante

19 de Abril del 2020 - Jose Luis Sancho Sánchez (Zaragoza)

Si no nos morimos este año, será al que viene, y si no, dentro de diez. La supervivencia no consiste en vivir un poco más, consiste en vivir una vida por la que merezca la pena luchar. Si esta vida no ha sido buena o si ha sido tan buena que no queremos que se acabe, ¿habrá para ambos casos otra oportunidad? La oportunidad se llama resurrección. ¿Resurrección en el cielo, en el purgatorio, en el infierno, en el limbo, en la reencarnación, o alcanzando finalmente el Nirvana?

¿Recordáis aquel encuentro de los líderes religiosos en Asís para orar por la paz?, estaban tan divididos que ¡ni siquiera podían ponerse de acuerdo para rezar una misma oración! Dios no puede aprobar todas esas ideas en conflicto porque, como escribió el apóstol Pablo: "Dios no es Dios de desorden, sino de paz" (1 Corintios 14:33).

¿Cuál es el orden de la fe cristiana que se basa en las promesas del Creador?: "Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe y orando con espíritu santo, conservaos en el amor de Dios mientras esperáis la misericordia de nuestro Señor Jesucristo con miras a la vida eterna" (Judas 20,21). Vida eterna, ¿dónde?: "Los justos heredarán la tierra y vivirán en ella para siempre" (Salmos 37:29). La tierra es el singular hábitat del ser humano en el universo.

Dice el Salmo 19:1: "Los cielos están declarando la gloria de Dios; y de la obra de sus manos la expansión está informando". Unos dos mil setecientos años más tarde, el famoso científico Sir Isaac Newton concordó con David cuando escribió: "Este elegantísimo sistema de soles, planetas y cometas solo pudo surgir del propósito y soberanía de un ser inteligente y poderoso".

En vista de la reacción general del hombre a la muerte, su asombrosa potencialidad en cuanto a memoria y capacidad de aprendizaje, y su comprensión interna de la eternidad, ¿no está claro que fue hecho para vivir? Solo cuando aceptamos la explicación que da la Biblia de que el estado moribundo actual del hombre nunca fue parte del propósito original de Dios, podemos entender cosas que de otra manera serían muy desconcertantes. Hay árboles que viven cientos o miles de años, una tortuga puede vivir ciento cincuenta años. ¿Por qué deberían vivir más que el hombre inteligente unos árboles que no tienen mente y unas tortugas que no pueden razonar?

Creer que el hombre habría de vivir solo unos cuantos años en la Tierra y entonces morir no se puede conciliar con la creencia en un Creador amoroso. ¿Cómo podríamos sentirnos atraídos a Aquel que hubiera hecho imposible que llegáramos a la realización plena de nuestras posibilidades? ¿No sería una falta de bondad el que se le diera a uno una tremenda potencialidad de adquirir conocimiento y entonces se le cerrara el paso hacia su realización? Todo indica que el ser humano fue hecho para que continuara viviendo, pero entonces: ¿Por qué muere el hombre? Eso... para otra cartica, ya que también es prudente que nos vayamos dosificando, por si acaso dura esto más de lo que esperamos. Un saludo cordial de este abuelo estudioso de las Santas Escrituras.

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