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¿Estamos en guerra?

22 de Abril del 2020 - Marcelo Noboa Fiallo (Gijón)

El coronavirus, como todo el mundo sabe, apareció por primera vez en Wuhan (China). Pocos fueron los que alertaron en Occidente sobre el hecho de que se convertiría en una pandemia globalizada, y la mayoría, o bien lo vieron como un problema chino o minimizaron sus consecuencias letales en el resto del mundo.

Cuando el “monstruo” atacó con virulencia primero al norte de Italia y luego a Madrid (España) y se extendió en pocos días por toda Europa, a los gobiernos los cogió “en pelotas” y sin tener preparados los dispositivos sanitarios necesarios para lo que se avecinaba y las medidas de confinamiento de la población como “arma” fundamental para combatir al invasor de nuestros cuerpos. Entonces se empezó a utilizar un lenguaje bélico para conseguir, entre otras cosas, concienciar a la población de la magnitud del problema y que “las trincheras” de sus domicilios se convirtieran en el principal instrumento con el que, de momento, contábamos para la lucha contra este enemigo invisible.

El lenguaje bélico no solo lo empezaron a utilizar los gobiernos, sino también los medios de comunicación, periodistas, columnistas, tertulianos de distinto pelaje, intelectuales, gente de la cultura... Acorde con la dimensión de la catástrofe y las respetivas promulgaciones de medidas excepcionales (nunca tomadas en tiempo de paz) “estado de alarma”, “estado de excepción”, “mando único”, “cierre de fronteras”... se dictaron los decretos correspondientes y órdenes ministeriales para el cumplimiento de dichas medidas excepcionales, entre las que estaban las limitaciones a la libertad de movimientos de los ciudadanos (uno de los sacrosantos derechos constitucionales).

Parecía que había una especie de consenso generalizado en el acierto de utilizar la metáfora de la guerra y su lenguaje bélico para la lucha contra el enemigo invisible, hasta que empezaron a surgir voces discrepantes, no solo por el supuesto uso excesivo de dicho lenguaje, sino incluso por las medidas restrictivas a la libertad de movimientos. Cabe recordar (por ser congruentes en el relato) que dichas voces no aparecieron en los primeros días en los que se tomaron las medidas “bélicas”, sino bastante después, en pleno combate. Es el caso de Josep Ramoneda, referente del periodismo intelectual, a quien admiro personalmente, pero que en esta ocasión discrepo de su punto de vista.

Ramoneda, señalaba (Eldiario.es, 04/04/2020): “Se han restringido libertades fundamentales. La más básica, la de circulación, la de reunión, la de verse y estar con los otros. Y la historia demuestra que se sabe cuándo empiezan las restricciones de libertades, pero no cuándo acaban”, y la escritora alemana, Geraldine Schwarz, iba más lejos en su crítica al señalar: “Yo nunca pensé que, en nuestra época, la gente dijera con tanta facilidad no a la libertad en nombre de la seguridad. Eso me asusta” (“El País”, 06/04/2020). La pregunta es ¿Qué tenía que hacer la ciudadanía, salir en manifestación, montar barricadas para defender su derecho a la libre circulación? ¿Los insolidarios que se saltan el confinamiento, montando barbacoas y fiestas particulares o el expresidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, están en su derecho de ejercer su sacrosanto principio de libertad de circulación?

David Grossman, Jordi García, Juanjo Millás, Manuel Vicent, Jordi Évole, Roberto Saviano... ¿son unos belicistas cuando utilizan la metáfora de la guerra en sus artículos? Lo curioso del caso o las paradojas del destino es que (sin quererlo) las voces que han saltado en los últimos días criticando las medidas tomadas se colocan del lado de los Trump, Bolsonaro, Ortega, López Obrador, Putin... (negacionistas de la ciencia) y, en todo caso, demuestran poca confianza en el funcionamiento del Estado de derecho, la libertad de prensa, el Parlamento, el Poder Judicial, en quienes recae la vigilancia de posibles tentaciones autoritarias. George Lakoff, en su obra “Metaphors we live by”, señala la importancia de las metáforas en cómo procesamos y estructuramos la realidad. “La metáfora es una operación cognitiva a través de la cual procesamos el mundo”. Sí, estamos en guerra. Estamos en guerra contra un enemigo casi invisible, del que sabemos muy poco, pero que es letal. Dejará miles de muertos en todo el mundo, una economía destrozada y millones de ciudadanos sin trabajo.

Finalmente, señalar que, en lo único que sí estoy de acuerdo es en el excesivo protagonismo que se ha dado a “los uniformados entorchados” (al menos en España). Aparecen todos los días a dar “el parte de guerra” a los medios de comunicación. No, no me gusta. En un Estado de derecho democrático, la comunicación a los ciudadanos les corresponde a los responsables civiles de los ministerios implicados, no a la Policía, ni a la Guardia Civil y ni mucho menos al Ejército.

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