Resistir o vencer en positivo
Numancia, Soria, fue un ejemplo maravilloso de una resistencia prolongada a un agresor, Roma, que ha quedado para la Historia. Al final Numancia cayó.
En el caso de la peste actual, resistir solo tiene sentido para vencer, no caben resistencias numantinas.
La debilidad humana ha quedado nuevamente en evidencia y de esta experiencia se deben obtener cosas positivas. La primera, aprender de lo que nos ha llevado al actual fracaso, para no repetirlo. Darnos cuenta de nuestra debilidad en un mundo que se creía suficiente. Sobraban las virtudes y primaba el disfrute de un mundo con desarrollos maravillosos para el deleite. Podríamos descubrir qué ocupaba nuestra mente, nuestras prioridades y lo que puede pasarnos. La pérdida súbita de esos deleites.
Por ello resistir por resistir no tiene sentido. Habrá que vencer la enfermedad, pero no para seguir en las mismas. Estar esperanzados con “sueños” realistas. Tenemos un ejemplo claro donde el soslayo de la infección no ha supuesto una mejora de virtudes personales, sino una postura soberbia de permanencia en el mal, perseverando en él mientras se resiste a la muerte.
No debe ser así esta vez, resistiremos para vencer. Vencer es ponerse en línea con la Virtud. Mejorar la familia, ser más desprendido hacia los necesitados, aprender humildad. Y no vivir en la seguridad falsa. Prepararnos para nuevos episodios como el actual, que más tarde o temprano pueden volver. Dios quiera que no vuelvan nunca
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