El racionamiento de la movilidad y el reloj biológico
En época de estrecheces hay que apretarse el cinturón todo lo que haga falta, como estamos haciendo desde que se decretó el estado de alarma.
Ganaremos la guerra al virus, pero vamos a encontrar un campo de batalla sembrado de minas que tendremos que ir sorteando como mejor podamos cada uno.
Lo que no se nos puede pedir es que hagamos más de los que hemos hecho, ni se puede pretender que sigamos confinados mucho más tiempo porque podemos acabar perdiendo la paciencia, que es lo peor que podría ocurrir.
Está muy bien que dejen salir a los niños, pero creo ya somos “mayorcitos” para que nos dejen movernos libremente a todos, y muy especialmente a los de más edad, que son los que más lo necesitan.
Parece ser científicamente demostrado que si existe un desajuste entre nuestro ritmo de vida y el dictado por el reloj biológico se genera un mayor riesgo de sufrir determinadas enfermedades que nada tienen que ver con el maldito bichito pero que pueden ser la consecuencia indirecta de un cautiverio excesivamente prolongado.
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