¿Por qué morimos?
Fiel a mi promesa, aquí estoy. Pues sí, algunos de nuestros queridos ya no están; ¿dónde están?, ¿volveremos a verlos?, ¿cuál es en definitiva nuestro destino? Cada uno de nosotros tiene una idea, bien por heredada, por imaginada o por deseada, pero quien realmente puede contestar es nuestro Creador, él puede responder sobre su propósito, ¿nos hizo para vivir o para morir? Vamos a su Palabra, o como prefieren algunos: a su Testamento, y veamos lo que nos dice:
“Así que Dios pasó a crear al ser humano a su imagen. A la imagen de Dios lo creó. Hombre y mujer los creó” (Génesis 1: 27). A diferencia de los ángeles, creados del espíritu, el ser humano fue creado con la materia de la tierra, pero con el espíritu de vida con el que Dios los hacía sus hijos, hijos perfectos a la imagen de un Dios vivo, y por tanto seres vivientes. La genealogía registrada en los Evangelios así lo testifica: “Hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, hijo de Dios” (Lucas 3: 38). Bien, pues ¿por qué morimos? El hombre a la imagen de Dios tenía libre albedrío y podía escoger entre dejarse gobernar por Dios o gobernarse por sí mismo; gobernarse a sí mismo superaba su ámbito como creación, pero... era su decisión. Ante esta posibilidad, Dios le puso la alternativa: debía decidir antes de que se diera lugar a una humanidad sujeta a la ley y orden universal o una humanidad aparte. “Y Jehová Dios procedió a tomar al hombre y a establecerlo en el jardín de Edén para que lo cultivara y lo cuidara. Y también impuso Jehová Dios este mandato al hombre: ‘De todo árbol del jardín puedes comer hasta quedar satisfecho. Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás’”. (Génesis 2:15-17)
Esta era la primera vez que se menciona la muerte en las Escrituras, pero todos sabemos que cuando un cuerpo celeste se sale de su órbita se autodestruye, es la ley que protege todo el sistema. El hombre también fue creado en su órbita, si es que lo reconocía. Al decidir lo bueno y lo malo por sí mismo perdió su órbita; nada puede mantenerse vivo fuera del orden universal. Así que cayó en imperfección, imperfecto en medio de la perfección. A partir de aquí ya no pudo transmitir perfección, vida perfecta a sus descendientes, todo queda en un impulso de vida que acaba rápidamente. Tras esto, ¿qué nos queda?: “Dios viene al rescate”. ¿Cómo? Eso... para no cansaros, será en otra cartica... si Dios quiere.
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