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Futuro inmediato de algunos servicios de proximidad

29 de Mayo del 2020 - Aitor Sarrías Adalid (Oviedo)

La incertidumbre actual impide calcular con seguridad la duración de las limitaciones impuestas en muchos servicios públicos. Esto es especialmente cierto para los servicios de proximidad de los que se han ido sirviendo las administraciones públicas (sobre todo las locales, las más cercanas al ciudadano) bajo una amalgama de recintos e instalaciones donde se promueven actividades sociales diversas (educativas, de ocio, aprendizaje permanente, alfabetización informática, participación juvenil, prevención y sensibilización social, educación popular, asociacionismo...) que en todo este tiempo tan disparmente han ido evolucionando en los municipios españoles. Simplificando mucho, podemos conceptualizar estos espacios como los conocidos “centros sociales”.

Con un denominador común (un marco prestacional desde el que hasta ahora se potenciaban espacios públicos de encuentro y participación) las consecuencias de la pandemia sobre todos estos programas fuerzan la necesidad de una expresa, indubitada, estratégica y concluyente visión de la dirección que han de tomar sus servicios según las condiciones que presumiblemente se impondrán a partir los próximos meses: a quién deberán destinarse y qué (y cómo) podrían aportar a la ciudadanía en los duros tiempos que se avecinan.

En un escenario de racionalización del gasto, las necesidades de reconstrucción económica y social de nuestro país alimentarán los debates sobre el reparto de los recursos, lo que para ciertos ámbitos de actividad –como pueden ser los centros sociales– exigirá de argumentos convincentes con los que defender su financiación pública.

En el ámbito de dichas instalaciones podemos extraer varias conclusiones tras los dos meses transcurridos:

- Desde el cierre de los centros sociales en España se han reorientado virtualmente algunos de los servicios habituales, partiendo de los recursos ya existentes. Tras la parálisis inicial, las administraciones más proactivas han improvisado soluciones con las que satisfacer temporalmente su demanda de actividades.

- Este nuevo “paradigma” ha permitido el acercamiento de un creciente segmento de población infrecuente en los programas, altamente participativa a través de esta vía de interacción electrónica pero cuyo interés, finalizado el confinamiento será, cuanto menos, incierto.

- Frente a este crecimiento de público ha descendido la participación de los residentes más necesitados del componente social que aportan estas instalaciones (su población diana). Es en este segundo subgrupo (que en buena medida componen hogares de edad avanzada pero no solo estos, donde no abundan los estímulos, en aquellos cuyas carencias personales, culturales y económicas en el terreno del entretenimiento se suman a otras limitaciones de la autonomía personal que multiplican su desafiliación y desarraigo...) donde más se concentran las situaciones de soledad y aislamiento social que hasta la fecha encontraban respuesta en los equipamientos de proximidad (para quienes estas instalaciones ofrecían la oportunidad de crear nuevas rutinas de relación, fortalecer sus redes sociales existentes, etcétera), y quienes, justamente, no han podido beneficiarse de la oleada digital de esta nueva clase de servicios, o al menos no los están disfrutando en niveles adecuados.

- Se vislumbran varios grupos de “necesidades” que pudieran concentrar el interés de las administraciones (excluidas otras necesidades de carácter asistencial y laboral, propias de otros servicios y competencias), relacionadas con la ampliación de una brecha digital que ya existía antes del confinamiento (entonces más o menos visible para ciertos colectivos) y cuyo impacto sobre las personas se ha hecho patente con la colonización digital definitiva de nuestros estilos de vida:

1. Aunque es pronto para valorar su impacto sobre la estructura del sistema educativo (lo que entenderemos como la “crisis educativa” abierta por la pandemia) esta gama de servicios podría abarcar programas de apoyo a las familias con mayores dificultades para garantizar los itinerarios de aprendizaje digital de sus hijos. Especialmente útiles serían otros paquetes complementarios de cuidado y atención, en respuesta a las demandas de conciliación que se adivinan cuando las opciones de teleformación barajadas por las instancias educativas colisionen con las posibilidades reales de teletrabajo de sus padres.

2. Como ya hemos dicho, el segundo y nuclear grupo de necesidades sociales a las que se podría responder bien podría pasar por apoyar la transición digital de la población de mayor edad, particularmente aquella más afectada o que en peor situación de partida se encuentra para tal adaptación (zonas rurales desconectadas, personas con escasos recursos personales, y económicos, ancianos con frágil soporte familiar, analfabetos tecnológicos...).

Todo ello obliga a reorientar algunos de estos servicios hacia actuaciones que permitan allanar el camino de los ciudadanos menos preparados para su incorporación electrónica o que en peores condiciones tengan que afrontar el proceso de recuperación socioeconómica. Esto no supone renunciar a los progresos alcanzados en los contenidos digitales, donde claramente se ha producido un salto cuantitativo, pero que a su vez exige “repensar” los servicios virtuales, mejorar su calidad y revolucionar las estructuras de trabajo sobre las que se asientan (que en muchos casos se caracterizan por su rigidez y escasa adaptabilidad). En definitiva, debemos evitar la complacencia con los efímeros resultados virtuales de las redes dispuestas para la población tecnológicamente más adaptada, y no ignorar el incierto futuro al que se abocan ciertas instalaciones, si no se dispone de planes alternativos.

Frente a esta incertidumbre es necesaria una visión de futuro, asumiendo objetivos y prioridades, no solo para la reconstrucción que necesita el país, sino para el fortalecimiento de una nueva fórmula de los servicios de proximidad. Solo así cobrarán sentido las decisiones adoptadas en los presupuestos venideros.

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