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Contingentes, necesarios y coronavirus

29 de Mayo del 2020 - Eulogio Llanos Verdasco (Pola de Siero)

Si esta pandemia que nos asuela nos está enseñando una valiosa lección es que, como José Luis Cuerda sabiamente nos decía en su película "Amanece que no es poco", todos somos "contingentes" excepto el Gobierno de los "Picapiedra" Pedro y Pablo, que, según ellos y su cohorte de ministras, asesores y servidores varios del patrio "politicotrogloditismo", son los únicos "necesarios" en la plaga que nos asuela e incluso son catalogados, por sus acólitos, de "imprescindibles". Esta premisa es muy evidente, ya que, desde el primer segundo de esta lacra, han contado con todo el material para sobrellevar esta terrible enfermedad contagiosa. Los políticos españoles son los más contagiados del mundo por el covid-19. Y ¿dónde se han contagiado? Pues en mítines políticos, en multitudinarias manifestaciones, en masivos conciertos y eventos deportivos... Pero ellos han contado con innumerables test para su diagnóstico. Alguna ministra ha sobrepasado, ella solita, la media docena. En cambio, nuestros sufridos y sufridores sanitarios, como "contingentes" que sin duda son, no han tenido acceso al material mínimo imprescindible para hacer frente al invisible enemigo, que a todos nos estaba atacando sin piedad. Según informaciones oficiales, se han contagiado más de 48.000 sanitarios, la tasa más alta del mundo, y han fallecido 76. Ellos, que desde el primer momento mantuvieron una desigual batalla con el patógeno invasor, no contaron con los elementos necesarios para derrotarlo, ni siquiera les dotaron de armas para su personal defensa. Y aún hoy día siguen en las trincheras sin contar con un elemental "casco" ni "un chaleco anticovid" que les dé seguridad en su heroica misión. Sin embargo, no se tienen noticias de óbitos de ningún político, hasta la fecha, y es natural: ¡como son "necesarios"...!

¿Qué decir de los ancianos moradores de residencias? Ellos son absolutamente inocentes del contagio de esta pandemia. Vivían en sus "conventos", casi aislados del mundo, ayudados por sus cuidadoras y esperando las visitas de sus familiares. Nadie se acordó de ellos, nadie informó a sus cuidadoras ni a sus familiares de que podían contagiar a los ancianos hasta que fue demasiado tarde. Nadie dotó a las profesionales de estos establecimientos del material mínimo ni para no contagiarse, ni para que ellas contagiaran a sus pupilos. No hay duda de que también son "contingentes". Según datos oficiales, los fallecidos en residencias se acercan a los 18.000 ancianos. Los datos reales son muy superiores a los que nos quiere vender el "ministro filósofo" de Sanidad, ya que multitud de fallecidos con síntomas compatibles con el covid-19, en las propias residencias, no eran contabilizados como víctimas del coronavirus. Tampoco se conocen datos de óbitos de responsables políticos de residencias de la llamada "tercera edad" y es natural: ¡como son necesarios...!

¿Y qué decir de la muerte en soledad de todas estas víctimas inocentes? Pues que es un escándalo de proporciones inhumanas. ¿Qué habrán pensado y sentido esos miles de personas que en su postrero paso por este mundo se vieron privadas, por órdenes gubernamentales, de las visitas de sus hijos y nietos? Cuando llegado el fin de sus días no han recibido el consuelo y el abrazo de despedida de sus seres queridos… Cuando se les privó de un simple respirador para dotar de un soplo de aire a sus maltrechos pulmones… Los han arrojado de este mundo sin contemplaciones, como a apestados, como si fueran los culpables de esta peste. Y a sus familiares la sensación de impotencia, desesperación y tristeza los acompañará el resto de sus vidas. Seguramente, al finalizar esta situación, veremos un aluvión de denuncias en los Juzgados, que, aunque no puedan mitigar el dolor de haber perdido a sus seres queridos de forma tan humillante, puedan hacer algo de justicia con los responsables de tal felonía. Personalmente, no tengo ninguna esperanza de que ese barco arribe a buen puerto. No creo que a la "fiscala generala", anteriormente ministra del ramo y que anteriormente ocupó distintos puestos como fiscal, le haga ninguna gracia que imputen a su jefe de gabinete. Tampoco dará muchas facilidades el actual ministro de Justicia, anteriormente magistrado de la Audiencia Nacional. Y en mi suprema ignorancia en cuestiones jurídicas me pregunto: ¿cómo es posible pasar de juez o fiscal (poder judicial) a ministro (poder ejecutivo) y después volver a juez o fiscal? ¿No existe separación de poderes? Como podemos ver, se puede ser "juez y parte" sin que el rubor inunde ni las mejillas "presidenciales" ni las de los "judicatores". Y es natural, ellos son "necesarios" y todos los demás somos "contingentes".

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