Una primavera diferente
Mis meses favoritos del año se tachaban en el calendario sin cesar, pero sin vivirlos. No puedo llamar vivir a ver desde mi ventana como el sol se pone cada día, como los días cada vez son más largos, pero mi ánimo más corto.
No me imagino que mi vida a partir de ahora vaya a ser diferente, después de dos meses aún sigo pensando que vivimos en una película de terror, y lo confieso, nunca me han gustado. Siempre he sido más de comedia, de dolor de mandíbula por carcajadas que se escuchaban en todo el edificio o de llorar, pero de risa.
Abril y mayo meses de sol, de azahar, de planes, muchos planes, de domingos de paella, de visitas a la abuela, de fiestas populares y de cervezas en terrazas, y es que sinceramente creo en el poder curativo de una caña al sol.
En los meses de primavera, mis amigas y yo arreglábamos los problemas del mundo, filosofábamos sobre si este verano sería el mejor de nuestras vidas y nos intercambiábamos nuestros futuros planes de vida a partir de septiembre, porque para nosotras siempre el año empezaba después del verano.
Si me preguntan que es lo que más echo de menos, sin duda, sería las personas, porque no hay mayor regalo que la sonrisa de alguien que verdaderamente te importa, abuela va por ti.
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