Una ventana espejo
Estos días que he estado cumpliendo con la cuarentena me ha dado la oportunidad de poder llevar a cabo diferentes reflexiones. Desde mi ventana he mirado el sol y la luna, los árboles, la calle, todo tipo de detalles que pasan desapercibidos en el día a día. Así es, desapercibidos cada día de su vida.
El paralelismo que veo es que eso es un reflejo de nuestra sociedad. Mientras los políticos, recordemos que son personas como nosotros, se pelean por la propiedad de la luna y por el poder, las personas luchamos para poder pagarnos una vivienda y tener los lujos justos para llenarnos de felicidad, estudiamos y trabajamos para poder ser ese alguien algún día.
Desde mi ventana vi mi reflejo en esa simple bombilla de la farola de la calle Urgel en Barcelona. Una chica de 26 años que todavía está estudiando la segunda carrera, trabajando, doblando turnos, pagando el elevado precio de las universidades, intentado sonreír cada día y que eso pasa totalmente desapercibido. De aquí la idea de la bombilla, damos energía hasta que dejamos de funcionar.
¿En qué momento nos hemos convertido en esclavos de las apariencias, tiempo y avaricia? ¿Nos hemos olvidado de vivir?
Cuando escucho por las noticias a presidentes, iconos sociales con grandes fortunas, la Iglesia, los millonetis hablar de lo difícil que son ciertos momentos para la sociedad... me cuestiono que es lo que está fallando. ¿Somos nosotros mismos, la sociedad, quien les cedemos todo el poder a decidir, hacer y deshacer? ¿Nos tienen controlados de verdad por algún motivo que no sea el económico? ¿Cuándo hemos perdido el sentido de la fuerza y nos hemos creído la vulnerabilidad?
En definitiva, lo que estoy planteando es que la pandemia que estamos viviendo me ha hecho poner en cuestión qué es el poder, quién lo tiene, y por qué. ¿Si nos fuéramos a la Luna, y miráramos la Tierra, todo lo que hay en ella pasaría a estar en un grado de importancia relativo al que tienes si estás en ella?
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