Hablar por hablar y confundir
Para que nadie me tache de partidista, voy a empezar por echarle la culpa, toda, al PP.
Exonerado, pues, este gentil Gobierno de cualquier responsabilidad de gobierno, me gustaría compartir con Ud. este galimatías de números y contra números, porque no me parece justo que sea un servidor, en solitario, quien se enfrente a tal dislate informativo de numerales que saltan y se multiplican como el propio virus, máxime si tenemos en cuenta que uno es de letras (y escasas, he de decir).
Le prevengo, esto no es un cuestionario que podamos solucionar a través del pensamiento vertical o lógico; tampoco podemos contar con Echenique, experto en Física Teórica, para que nos lo explique de forma didáctica y comprensible.
Habremos de recurrir al pensamiento lateral o divergente, y echarle mucho ingenio para llegar a alguna conclusión medianamente entendible, sin caer, de paso, en la desesperación.
Si está harto de que le bombardeen con informaciones del coronavirus, que le saturan la mente, no le extrañe que derive en loco y termine fabricando material explosivo en la bañera.
Vamos a aprovechar esa saturación mental que se le presupone, para seguir metidos en el lío. Cogemos aire y empezamos esta antología del disparate.
A ver cómo logramos entender la melonada cósmica del Ministerio dirigido por Salvador Illa, que ha enfollonado su comparecencia, informando que las cifras de muertos por covid-19 fueron de 26.834 personas a fecha lunes 25; cuando el día anterior, domingo, habían dado 1.928 más; es decir, 28.752.
En el caso de Cataluña, el misterio (perdón, el Ministerio) informa que a fecha del lunes 25 habían muerto por el dichoso virus en esa comunidad 5.575 personas; cuando el día antes, domingo 24, ya habían dado la cifra de 6.701; es decir, “resucitaron” a 1.126 personas que habían fallecido.
Eso, el Ministerio; pero para liarla más aún, la Generalitat también publica su propia estadística, y afirma que los muertos en esa comunidad no son los 6.701 que dice el Ministerio, sino 7.063 (¿hasta dónde llega tu inquina, Torra?).
Pero vamos a ver, ¿los fallecidos no tienen cara, nombre, apellidos, familia? ¿Tan difícil es contabilizar a través del Registro Civil de cada autonomía los certificados de defunción, uno por uno? ¿Se imagina que, por ejemplo, “El País” hubiera publicado en primera plana, como hace el “New York Times” en EE UU, los nombres y apellidos de 1.000 fallecidos por el covid-19 y al día siguiente dijeran que eran 900? ¿Cómo harían entonces para “restituir” a esos 100 que ya habían “matado” antes? ¿Y las familias?
Si Ud. se ha enterado de algo, es un privilegiado, merecedor de mejor suerte que padecer a estos individuos que nos desgobiernan.
Pero dejemos por un momento la sanidad, y vayamos a la economía a interesarnos por el misterio de los ERTE perdidos.
Otra antología del disparate: Los gestores y asesores del ERTE dicen hoy, 28 de mayo, que aún faltan por cobrar la ayuda 900.000 trabajadores; el pasado día 22, el SEPE informaba que todavía estaban pendientes de cobrar 70.000 trabajadores; y el 15 de mayo, allá por San Isidro, decía la ministra Díaz que solo 46.000 trabajadores quedaban pendientes de recibir la ayuda. ¿Le da vueltas la cabeza como a la niña de “El exorcista”?
Es de locura, sí, pero no estamos locos; estamos en el absurdo de constatar que de tres mienten dos (por lo menos).
¿Y los trabajadores incluidos en estos ERTE, aprobado su expediente, y que están pendientes de cobrar desde el mes de marzo, teniendo que mendigar para cubrir gastos? ¿No nos habían repetido por activa y por pasiva que “nadie iba a quedar atrás”?
Pienso que deberían pedir perdón por tanta desaprensión y desatino, aunque, ojo, Pablo Iglesias dijo recientemente: “En política no se pide perdón, en política se dimite”. Y ya sabe, lo que dice Iglesias va a misa. O debería.
Saludos cordiales.
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