Analogías: Grecia 2015 y España 2020
En plena crisis económica y social griega, surgió de la nada, o, mejor dicho, del miedo y la desesperación, una coalición de partidos de extrema izquierda, que se conformaron con el nombre de Syriza. Desconocidos para el gran público heleno, predicaban los grandes avances de la humanidad surgidos de la Antigua Grecia como cuna del saber universal, de la democracia y de todas las bondades que la sociedad occidental había conseguido gracias a las enseñanzas del clasicismo y que era hora de pasar factura a la sociedad europea, de la que formaban parte, en justa reciprocidad, por los saberes obtenidos de sus antepasados; eso sí, sin contrapartidas onerosas para el pueblo griego, sin injerencias europeas en sus políticas y con la condición de pagar la deuda pecuniaria solicitada en tres cómodos plazos; es decir: tarde, mal y nunca. Ganaron las elecciones en 2015, formaron Gobierno y como ministro de Economía fue elegido Varoufakis. Gran calentador de masas y mago de las finanzas, enemigo de la globalización, marxista y, sobre todo, encantador de serpientes, soberbio y prepotente. Se fue a dar lecciones de democracia y libertad a la UE, a la vez que a exigir financiación para el maltrecho pueblo griego, que había sido expoliado por el capitalismo y la globalización. Le plantearon un plan de rescate con unos ajustes que contradecían todas las dádivas que su inexperto partido había prometido al pueblo griego; pero los dueños de la “guita”, como no podía ser de otra manera, le contestaron que el que pide es el que tiene que acatar las condiciones del préstamo y el “humo” puede ganar elecciones pero no tiene efecto sobre las subvenciones imprescindibles para que su país superara la quiebra en la que estaba. Amenazaron con cambiar al bando “ruso” y mantuvieron múltiples reuniones con Putin, pero como “la burra” había que pagarla igualmente y el mendigar no era del agrado del pueblo, no les quedó más remedio que aceptar las exigencias de la UE y acatar las condiciones del rescate solicitado. Poco después dimitió como ministro de Finanzas y su presidente firmó el acuerdo de rescate. En las elecciones de 2019, el pueblo griego dejó de creer en las falacias, ensoñaciones y bulos de Syriza y, por mayoría absoluta, concedió su apoyo a Nueva Democracia (partido de centro-derecha), que hasta la fecha está cumpliendo sin sobresaltos los acuerdos con la UE.
En España, como consecuencia de la “crisis del ladrillo”, nos precipitamos en el abismo de la recesión económica más profundo de la democracia. La banca se hundió, ya que era el sostén financiador de la construcción, y arrastró en su caída al empleo, a la industria y, en definitiva, al resto de la economía. Las elecciones de 2011 fueron ganadas por mayoría absoluta por el PP, que fue quien tuvo que lidiar con la terrible recesión. Los partidos de izquierdas, máximos responsables de la crisis (el PSOE recibió en 2004 un país solvente y lo devolvió en 2011 quebrado), en vez de asumir su responsabilidad y apoyar al Gobierno para sacar del pozo al país, sin el menor rubor ni sentido del ridículo, se ensañaron desde el primer momento con él, criticando de forma cruel y abominable los recortes que la UE exigió para concedernos los dineros necesarios para solventar la quiebra en que nos había metido Zapatero. Afortunadamente y con gran sacrificio fuimos asomando la cabeza, lo que concedió al PP un nuevo mandato en 2015 (con mayoría simple), que fue un nuevo balón de oxígeno en nuestro afán de volver a levantarnos y mirar con cierto optimismo el futuro. En 2018, Pedro Sánchez, aprovechando la sentencia del “caso Gürtel”, planteó una moción de censura en el Parlamento. Con el apoyo de la izquierda e independentistas obtuvo el éxito que pretendía y hasta la fecha y, después de varios pasos por las urnas, se mantiene en el poder con los mismos apoyos del voto de censura. En estos dos años el desgobierno, la improvisación y la falta de solvencia han sido el denominador común de las políticas del país.
Y llegó un invitado desde Oriente, el coronavirus. Como de costumbre el Gobierno, desoyendo los consejos de la OMS y de los profesionales de nuestra propia sanidad, miró para otro lado, llamó alarmistas a los que no comulgaban con su inacción, permitiendo la celebración de todo tipo de actos multitudinarios: deportivos (fútbol, basket...), políticos (manifestaciones 8M...) y desautorizando otros (Iglesia Evangélica...). El resultado ya es conocido por todos: “la crisis del covid-19”. La recesión que nos espera se prevé de dimensiones colosales. Algunas fuentes económicas cifran que la deuda se elevará al 120%; es decir, subirá el 20% del PIB. Ante previsiones tan alarmantes no nos quedará más remedio que solicitar ingentes cantidades de dinero a la UE, que, como es natural, pondrá sus condiciones. Espero que el Gobierno “Picapiedra”, actualmente en el poder, no emule a su homónimo de Grecia y desde el primer momento actúe con diligencia, humildad y realismo; aunque, “el Picapiedra Pablo” quiere, a toda costa, derogar la reforma laboral impuesta por la UE al PP como consecuencia de la crisis anterior. Probablemente los ajustes que nos impongan sean brutales y difícilmente asumibles por el conjunto de la sociedad y, sobre todo, por funcionarios y pensionistas. En Grecia, los pensionistas sufrieron hasta el 40% de reducción salarial y se suprimieron 30.000 plazas de funcionarios, en un país de 11 millones de habitantes. Aún es pronto para hacer previsiones, pero debemos ponernos en lo peor, para no sufrir desengaños inesperados. La prensa afín al PSOE ya está lanzando globos sonda en el sentido de bajar las pensiones.
Esta trágica situación que se avecina será aprovechada por los extremistas e independentistas para provocar la anarquía en el país y, como dijo un independentista famoso, moverán el árbol y estarán preparados con un cesto para recoger las nueces. Lo funesto del caso es que se trata de la estabilidad del Estado y mucho me temo que volvamos a las andadas (España 1931-1936). Los ciudadanos no debemos permitir que los políticos nos lleven a la confrontación, que ellos llevan años buscando. Si les hacemos caso el conflicto bélico estará servido, la Historia volverá a repetirse otra vez más y los perdedores seremos los de siempre: los ciudadanos.
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