¿Golpista yo?
La extraordinaria situación que estamos viviendo en todo el mundo nos ha hecho valorar, entre otras cosas, la importancia de la ciencia. De la misma forma que la Medicina y la Biología pueden salvarnos, también puede hacerlo la Historia, esa gran olvidada que suplica porque la escuchemos, tratando de impedir que tropecemos dos veces en la misma piedra. No se trata de una cuestión de ideología, de discrepancias, de apoyos a unos u otros, se trata, reitero, de Ciencia, basada en la observación.
Cualquiera que haya visto alguna vez la serie "El Ministerio del Tiempo" ha pensado lo maravilloso que sería poder adentrarse en el pasado tan solo cruzando una puerta. Sin embargo, esta idea no resulta tan descabellada, ni mucho menos imposible. Basta con cerrar los ojos y escuchar los nueve minutos de discurso de Santiago Abascal desde el autobús por las calles "tomadas" -como él mismo señala- de Madrid para adentrarse en 1936.
"Libertad", "nación", "integridad de España", "traidores", "enemigos de España", "defender España", "comunistas"... son solo algunos de los vocablos comunes entre el discurso pronunciado por el líder de Vox el pasado sábado y el discurso de Proclamación del Alzamiento del día 18 de julio de 1936 del general Franco en las Palmas, ambos finalizados con un idéntico y enérgico grito final, ¡Viva España! Quizás el problema está en que los señores de Vox no consideran golpista al dictador, sino otro salvador de la patria como ellos, y de ahí su desazón ante las palabras del líder de Unidas Podemos.
Además de la forma o tenor literal de los discursos, cuya similitud eriza la piel, debe analizarse detenidamente el fondo. De ambos se desprende el aprovechamiento de la frustración social, el auge del nacionalismo, la persecución de los "enemigos" y, en general, la "neolengua", entendida esta última como el uso de un léxico pobre y una sintaxis elemental. Todo ello compone la sintomatología del denominado por Umberto Eco "fascismo eterno", un virus mucho más peligroso y mortal que el covid-19. Cabe aclarar, como explica el propio autor, que, aunque en el caso español lo correcto es hablar de "franquismo", el término "fascismo" se adapta a todo porque es posible eliminar de un régimen fascista uno o más aspectos y continuará siempre siendo reconocido como fascista.
Respeto y comparto el derecho a la libre manifestación incluso durante el estado de alarma, con las limitaciones lógicas que la realidad impone, y defiendo la libertad de expresión, sin embargo, no es esta última un derecho absoluto. La libertad de expresión no ampara la mentira y termina donde comienza el odio. Basta ya de blanquear las palabras de quienes enarbolando la defensa de la democracia suponen una auténtica amenaza para la misma.
Los miembros del partido de Abascal dicen ser lo más constitucionalistas, pero al oír "moción de censura" hablan de Gobierno ilegítimo y de golpismo (ahora sí) y ante "estado de alarma" gritan "totalitarismo", mostrando un absoluto desprecio por los mecanismos recogidos en la Constitución que dicen defender. Claman "libertad" en medio de esta "dictadura" mientras ejercen un derecho fundamental en las calles. Proclaman justicia, pero ponen en duda la independencia judicial cuando las resoluciones no resultan de su agrado. Hablan de medios de comunicación "comprados" cuando estos les dejan en evidencia al desmontar los bulos con los que siembran crispación y odio. Exigen luto por las víctimas mientras animan a la población a saltarse la medida más eficaz para frenar la pandemia, atribuyéndole al confinamiento una connotación ideológica que desprestigia el conocimiento de los expertos y profesionales que velan cada día por la salud de todos. Aunque no resulta extraño, ya que animar a la acción y no a la razón es otra de las notas distintivas del fascismo.
Expuesto todo lo anterior, si por un segundo se te ha ocurrido pensar que quizás existe un mínimo atisbo de fascismo en sus proclamas, no se te ocurra decirlo, porque es muy ofensivo y probablemente te añadan ipso facto a su larga lista de "enemigos de España".
Para el que no haya visto nunca la serie, "El Ministerio del Tiempo" persigue que los acontecimientos históricos sigan su curso normal y es que, a veces por desgracia, no podemos cambiar el pasado. Sin embargo, tenemos la oportunidad y aún estamos a tiempo de elegir el futuro, ayudándonos para ello de este salvavidas llamado Historia.
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