Hay virus y virus
Ayer salí por la mañana a mi paseo habitual. Asturias lleva varios días en fase 2 y, por tanto, los horarios para menores, deportistas y mediana edad se han ampliado; menos para los viejos, que seguimos "confinados" en nuestros horarios de salida. Tomé la ruta del Rinconín, porque hay mucha menos gente (y menos todavía si vas por la acera alejada del paseo) y te puedes permitir andar sin mascarilla, teniendo cuidado de ponértela cuando alguien se acerque.
Todo iba bien hasta que a unos cincuenta metros observé que de frente venía una mujer, según se acercaba... ¡oh, horror!, llevaba puesta la típica mascarilla de color verde oliva (color de los militares en combate) con la banderita española (de la que se han apropiado impúdicamente, como Franco de España). La mascarilla no se la quitan ni para comer, ya que con ello marcan el terreno y son los únicos que la utilizan. Debe de ser una consigna de Vox. porque todos sus dirigentes la usan en el Parlamento, en las ruedas de prensa, en las manifestaciones con los palos de golf y en los descapotables.
Me coloqué mi mascarilla y, raudo como si hubiera visto al diablo, me incorporé al paseo del Rinconín. Prefería correr el riesgo de contagiarme del común covid-19 antes que del virus del odio de Vox. Es más letal para la convivencia de los españoles y nadie está buscando una vacuna. La vacuna del coronavirus llegará pronto, el virus del odio de Vox me temo que ha venido para quedarse.
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