Primero la vida, después el cine
Hace un par de meses, en plena pandemia nacional y mundial provocada por el coronavirus, cuando la gente caía como chinches, los sistemas sanitarios colapsados, el personal sanitario doblando guardias, exhaustos, sin poder descansar (en aquellos días morían cerca de mil personas diarias en España, sin poder ser llorados por sus seres queridos), el Gobierno español desbordado y, aunque tarde, decretó el confinamiento de la población como única arma para luchar contra el contagio, a sabiendas de que todos los sectores de producción y de actividad económica iban a colapsar.
En esos días, en un encuentro del mundo de la cultura con el ministro José Manuel Rodríguez Uribes, este tomó prestadas las palabras de uno de los más grandes de la historia del cine, Orson Welles: “Primero la vida, después el cine”. La reacción de una parte del mundo de la cultura, productores, distribuidores y exhibidores de cine (hay que ser cuidadosos con las imputaciones que hacemos a los colectivos, por ello digo: “de una parte”), pero la más ruidosa, por el impacto mediático que ello genera, no se hizo esperar y el “linchamiento” al Ministro fue inmisericorde y procedieron a convocar, bajo el hashtag “#ApagónCultural” dos días de protesta mediante el procedimiento de dejar de colgar los contenidos culturales y cinematográficos online que tanto éxito tuvieron durante el confinamiento. Dos días más tarde, procedieron a desconvocarlo (supongo que por la poca o nula repercusión que la misma iba a tener). El actor Juan Echanove calificó las palabras del Ministro de “sarta de estupideces” y añadió: “Por lo que a mí respecta ya no eres mi ministro de Cultura, porque si no tengo cultura ¿para qué coño quiero un ministro?... y añadió lo que no puede faltar en un patio de colegio o en una barra de bar, después de varias copas: “Me tienes caliente” (¡!).
En realidad, la frase completa del Ministro fue: “Hoy toca pensar en los enfermos, en salvarles la vida y en parar el virus. Y cuando lo consigamos haremos todo lo posible para reactivar la cultura. Porque, como dijo Orson Wells, primero la vida y luego el cine, aunque la vida sin el cine y la cultura tiene poco sentido”. ¿Cabe mayor apuesta por el mundo del cine y de la cultura? ¿Cabe mayor definición de esta como alimento de la vida?
Pero, como toda estupidez, siempre es susceptible de empeorar, una supuesta crítica de cultura (Karina Sainz Borgo, de Vozpópuli) llegó a decir: “Por esa lógica, habría que desmontar ‘Las meninas’ de su bastidor para hacer mascarillas”. Es lo que un castizo llamaría “confundir el culo con las témporas” o “mear fuera del tiesto”.
Soy un amante del cine desde mi más tierna adolescencia. Soy un gran consumidor de cine (no llego a categoría de cinéfilo) y, en estos días de pandemia, la actividad que más echo de menos es el cine en la gran pantalla. Espero como agua de mayo la reapertura de las salas de cine, que se anuncia para los próximos días. No olvido mi último día en el cine, fue en el Albéniz, en Málaga, dos días antes de que el Gobierno declarara el estado de alarma. Título: “Parásitos”, del director coreano Bong Joon-ho. En mi opinión, más allá del merecidísimo “Oscar” a la mejor película, es una obra maestra que explora la brecha social que crece entre la opulencia y la miseria y las consecuencias de la misma.
Pues sí, señor ministro, primero la vida y después el cine.
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