Ser político puede ser profesión de riesgo
Hoy va a resultar ser peligroso ser político, pues la crispación parlamentaria es muy grande, insultos, tono altisonante hay miradas que muestran mucho odio y rencor, salvo excepciones no llevan los discursos ni temas preparados, hablan improvisando, como quien trata en un mercado de ventas, sobre la marcha y de lo que surja, hay algunos que sí llevan estrategias de crispación, además hay que convenir que la mayoría de ellos no son buenos oradores, ni tienen dialéctica, ni vocabulario amplio, por otro lado se ha creado un nuevo lenguaje de la terminología vacua, hablar como el papayo durante tiempo y no decir nada. Me entra nostalgia de los intelectuales de la República, cuando daba gusto oírlos hablar hilando bellos decursos con buen contenido por lo general. Esto en una España democrática no es tolerable, pero me da que es consecuencia de la falta de respeto y educación de muestra nuestra sociedad actual y esta pobre gente es el producto de la misma. No se les puede pedir más. Fíjense cómo será la estulticia generalizada que los jóvenes, nuestra esperanza de futuro, no son muy educados que digamos, pero cómo pedírselo si no se lo enseñamos de niños y cómo hacerlo si no sabemos qué es eso, ¿quién les puede enseñar buenos modales si esta sociedad perdió todo atisbo de respeto al semejante? Y, lo que es peor, se está perdiendo el humanismo y adorando al becerro de oro.
Así pues, si no lo remediamos terminarán poniéndose otro sobresueldo más por peligrosidad de la profesión y para eso no habrá crispación, seguro.
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