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Covid-19, megavatios y prebendas

28 de Junio del 2020 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

Ya van más de noventa días desde que empezó esta pesadilla del covid-19. Aquí, en Asturias, tenemos el privilegio de estar entre las comunidades que estamos disfrutando ya de la llamada fase tres. Los jubilados nos pasamos todo el confinamiento solo con una única prohibición: la de ir a tomarnos un chiquito al bar. En el Occidente, rodeados de naturaleza virgen por doquier, somos unos afortunados y durante toda la cuarentena hemos podido seguir haciendo, casi, vida normal. La mayoría tenemos perro y lo paseamos por los arrabales, sin la preocupación de excedernos en recorrer más de la distancia autorizada. Eso sí, muchos de los pobres perros censados hicieron más kilómetros en estos noventa días que en toda su vida hasta entonces. Algunos fueron paseados por cada miembro de la familia, lo que, en algunos casos, representaba al pobre animal caminar cinco veces más de lo que andaba hasta antes de la llegada de la pandemia.

Así iniciamos la conversación hoy en nuestro grupo de jubilados, en el reanudado paseo matinal. No tardó Bras -nuestro pesado amigo- en tomar la palabra. Nada más hacerlo los demás cerramos la boca, previamente tapada con la mascarilla. Creo que, en ese momento, todos pensábamos lo mismo: ¿a ver con qué nos sale hoy Bras después de tanta cuarentena?

"Vamos buenos de tragar debates en el Congreso de los Diputados durante toda la pandemia -nos dijo-. Ni un solo día dejaron de tirarse los trastos a la cabeza sus señorías, unos a otros. Se pasan las jornadas a base de insultos, difamaciones y temas baladí. De todo menos cosas serias y de provecho en beneficio de los ciudadanos. Lo peor es que con ello solo consiguen crisparnos a los ciudadanos de a pie, no importándoles lo más mínimo el provocar enfrentamientos de padres contra hijos, hermanos contra hermanos, amigos contra amigos, vecinos contra vecinos... Es de personas educadas el respetar las ideas de los demás y, también, respetar al que no se significa con ninguna. Nuestras ideas políticas han de defenderse con la Constitución, civilizadamente, sin pelearse con nadie, sin dar el voto eterno a nadie sino, más bien, prestarlo por una legislatura a quien mejor nos parezca -como dice un amigo mío-, pero con la condición de que si el beneficiario rompe nuestra confianza, se lo retiraremos y volveremos a prestarlo por otra legislatura, esta vez a quien estimemos lo merezca más. En vez de pelearse, incentivando a que el pueblo se pelee por ellos, sus señorías deberían tratar de solucionar antes tantos temas escabrosos, escondidos al ciudadano de a pie. Sirva de ejemplo: ¿por qué no nos explican públicamente -o mejor resuelven- qué es lo que pasa con la factura de la luz que pagamos todos, ciudadanos y empresas? Esa factura que mensualmente castiga nuestros bolsillos como una de las más caras de la CEE. Lo hace con un recibo del que solo el 40% de su coste está vinculado al precio de la electricidad consumida, 'Término de consumo'. El otro 60% restante comprendido dentro de la factura como 'Término de potencia', 'Alquiler de equipos' e 'Impuesto sobre la electricidad', quizás por una ley no escrita, se nos impide el saber adónde va. Ese exceso parece ser anda en torno a los 800 millones anuales, que pagamos además de lo que realmente consumimos. Van acumulándolo al déficit tarifario, que parece ser ronda ya los 18.000 millones de euros, o lo que es lo mismo, una hipoteca para cada uno de los 28.000.000 de consumidores españoles de 642 euros. Los ciudadanos más desconfiados, y algo informados, deducimos que no interesa a los políticos el explicarnos qué hemos hecho nosotros para tener encima tal endeudamiento". Otra pausa de Bras. Esta vez más larga, para luego retomar la palabra y decirnos:

"Este y otros temas tan delicados, apartados del conocimiento de la inmensa mayoría de los ciudadanos desde hace muchos años por los distintos gobiernos de turno, no los tocan, no. No vaya a ser que por tratarlos en el Congreso se acaben para algunas de sus señorías las llamadas puertas giratorias".

Callados todos, creo que por no entender bien la arenga de Bras, regresamos a casa acobardados unos y enfadados otros. Cada uno que piense por su lado.

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