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Algunos efectos colaterales del coronavirus

27 de Junio del 2020 - José Ángel Miyares Valle (Pola de Siero)

Se observa a la gente muy tensa y más desconfiada. Los buenos modales se han perdido en muchos casos y hay mucho miedo a salir por la calle. La gente está preocupada por la incertidumbre de futuro y es muy natural, pero lo más triste es que se pierdan la compostura y el respeto a los demás.

La gente con uniforme parece que se ha hecho más importante, y no digo de las fuerzas del orden público, que están en su lugar y desempeño, te puedes encontrar con un vigilante o señor de la limpieza que pueden estar superestresados también en su cumplimiento, pero algo que no hagas bien por desconocimiento y sin darte cuenta, te puede caer una bronca con un tono irrespetuoso sin saber por qué y quiero creer que es por la tensión acumulada del confinamiento, inseguridad en el trabajo excesivo, parco salario y las exigencias de las nuevas normas a veces muy contradictorias y difíciles de entender y aún más de imponer. Puedes entrar a unos servicios públicos y no ves la persona que está limpiando, no vas por las flechas indicadas, no lavaste las manos o pides papel y puedes recibir una respuesta muy airada con tono elevado, y no se te ocurra decirle que es que no la habías visto, que aún puede ser peor, o un vigilante que observa algo que no haces bien por desconocimiento de la nueva norma o la indicación que puedes recibir una bronca de aquí no te menees.

En la carretera ya no te digo cómo está la circulación, tienes que ir con mil ojos para evitar accidentes pues hay adelantamientos en las rotondas, por la derecha y sitios peligrosos de difícil visibilidad, gran velocidad, etcétera; me pregunto si es que quieren recuperar el tiempo perdido de confinamiento y están descontando el tiempo muerto.

Es muy triste y preocupante que salgamos de esta dura prueba donde se ve que la vida son cuatro días y de esos, dos los perdamos en gresca con nuestros semejantes; no sé si es por lo de las mascarillas pero la gente ya no saluda o quiere pasar desapercibida, no tiene humor, pero aun así se pueden dar los buenos días y hacer que nuestros vecinos sean más felices, al mismo tiempo eso nos aliviará a todos porque al fin y al cabo somos humanos y necesitamos unos de otros. Y hablar del uso de mascarillas ya es mucho, unos presumen de no llevarla, otros la llevan en la mano, en la muñeca, bolsillo de la camisa, por debajo de la nariz, ¿para qué?... y muchos jóvenes ni la llevan: ¡pobres inconscientes!, no se darán cuenta de que tienen padres y abuelos que les pueden llevar la enfermedad, incluso ellos pueden enfermar gravemente, parece que no les preocupa… me gustaría tener un elixir espray mágico para imprimir la responsabilidad social, buena educación, solidaridad, humanidad y la alegría de vivir para destensar esta angustia contenida, reprimida que nos perjudica tanto como seres sociales y de corazón caliente. Naturalmente esto es una opinión subjetiva que yo observo, nunca una teoría científica y siempre hay excepciones a todo lo dicho y son la mayoría afortunadamente, pero así comparto lo que ahora veo estos días.

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