De pestes y otras cosas
El domingo 21 de junio, LA NUEVA ESPAÑA publicaba con el título de “Un castigo divino” una especie de historia de lo que las pestes habían supuesto de desastre para la humanidad, desde la antigüedad hasta nuestros días. Yo lo encontré interesante y me animé a leerlo, a pesar de su extensión –una página al completo–, iba todo muy bien, para mi agrado, pero cuando el autor de la cosa estaba cerrando el capítulo de lo que fue la denominada “gripe española” cambió –a mi entender– el relato de lo que de desastre habían supuesto esa y otras pestes, y empezó a ponderar los logros de la II República, entre otros en el tema sanitario, para llegar más o menos a decir que “después, la dictadura franquista se llevó por delante toda la obra republicana, desmantelando la atención pública y favoreciendo la asistencia caritativa y privada, hasta que ya en democracia los gobiernos socialistas le dieron un impulso a la sanidad pública, creando numerosos centros de salud, hasta que la orgía neoliberal y la crisis financiera del 2008 volvieron a hacer de la sanidad un negocio”.
Entrar en politiqueo siempre cuesta algo y, por tanto, yo procuro esquivar el tema para no entrar en discusiones que no llevan a ninguna parte; pero, a veces, uno lee y oye cosas que por haberlas vivido sabe que no son ciertas, y entonces deja la prudencia a un lado y salta –como en este caso– a pretender aclarar conceptos. Para empezar, nada creo tener que agradecer al franquismo, nací en 1936, cuando nuestros padres y abuelos andaban a tiros entre sí, y aquello me costó perder al mío siendo yo casi un bebé, sufrí todas las consecuencias de pasar la posguerra sin un padre que llevara el pan a casa. Empecé a trabajar de pinche a los catorce años y padecí los inconvenientes de la emigración durante doce largos años. Hoy a mis ochenta y tres años empiezo a estar tan de vuelta de tantas cosas vividas que ya no me asombro de casi nada. Aun así, no me gusta que me cuenten cosas que no son ciertas. La dictadura de Franco haría un sinfín de cosas malas y deplorables, pero también creo sería justo reconocerle las cosas que haya hecho bien. En el tema sanitario y como ejemplo: el Seguro Obligatorio de Enfermedad (SOE) aprobó en 1942 el Plan Nacional de Instalaciones Sanitarias, que comprendía 67 residencias (hoy hospitales) y 144 ambulatorios. En mi Mieres natal, en 1954 entró en servicio la Residencia Sanitaria de Murias (más tarde Hospital Álvarez Buylla y hoy ubicado en Santullano). En 1961, entra en servicio la Residencia Sanitaria de Oviedo en el barrio del Cristo. En 1968, le tocó el turno a Gijón y comienza a funcionar como Residencia Sanitaria lo que hoy es el Hospital de Cabueñes. En enero de 1976, Avilés empezó a disfrutar de su Residencia Sanitaria –hoy Hospital San Agustín–. Mirando las fechas, se ve que nada de eso se hizo gobernando los socialistas en democracia, y sí cuando gobernaba el dictador; de manera que, al menos a mí, no me cuadran las cuentas de lo que el mencionado autor de la historia de las pestes nos dice. Nada más lejos de mi intención que el pretender ofenderle, pero al menos, en esto de los servicios hospitalarios, creo que no nos está diciendo la verdad, yo así lo veo. Él sabrá por qué.
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