Atrapados sin fronteras en la novedad
Se han tenido que tomar decisiones comprometidas a causa de este virus escondidizo de conducta sorpresiva, y aún se tendrán que tomar muchas más. La sociedad y la economía pueden confabularse: "Preferimos morir del covid-19 que de hambre". Eso azuza a los responsables políticos a abrir sus fronteras a los visitantes, y lo exigen los empresarios turísticos y la actividad que intenta recobrar el pasado y el empleo. Hemos de hacer todo lo posible para que el sector económico más importante de esta época del año consiga el turismo extranjero (el único que paga deudas de España). Será preciso mantener la actividad y mucha confianza, pero también sumo rigor con la regulación del covid-19.
El valor real para establecer dicha regulación sería la incidencia sobre las hospitalizaciones y el uso de la UCI. Regularíamos dicho valor real controlando los valores de entrada a través de la incidencia acumulada de los diagnosticados en los últimos catorce días. Ese valor de entrada debería ser suficientemente menor, dados los días de ceguera hasta el valor de salida y el mayor periodo de tiempo para la recuperación. Tal cuadratura del círculo de intereses económicos y sanitarios solo se regularía restringiendo movilidad a los ciudadanos anfitriones, sin llegar a restringir la de los clientes visitantes y sus servidores. Pero tal aislamiento e inmovilidad colectiva, sin estado de alarma, recaería sobre nuestra responsabilidad individual como ciudadanos vendedores de amabilidad. Mientras tanto, nuestros visitantes tendrían movilidad para disfrutar todo el tiempo, y sus servidores para atenderlos.
Esto sería imposible si se contagian las conductas irresponsablemente insolidarias del Parlamento, o si se siguen dando datos desde la aritmética política inasumibles por la aritmética de pandemia, o si no comprendemos cuál es la importancia del uso responsable de la mascarilla (sin tocarla permanentemente por su parte central), pues el uso de la mascarilla aísla a los portadores del virus que no lo saben, y a los servidores que se obligan a tener contacto con mucha gente para no convertirse en intermediarios. Serán muchas las decisiones a tomar este verano. Y, a pesar de todas ellas, estas ensoñaciones económicas y deseos reguladores pueden convertirse, cuando llegue la fría realidad, en un atractor junto al borde de un precipicio sanitario o económico, con los equipos de rescate agotados. Sin embargo, esta nueva anormalidad llegará a ser normal. El virus no se irá, e impondrá sus mutaciones frente a las vacunas (cuando aparezcan) y las vacunas tendrán que evolucionar constantemente detrás de él mientras se va dejando atrás a muchos. Y todo esto no será novedad (1918-1919).
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