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Rebrotes en España

23 de Junio del 2020 - José Manuel López García (Gijón)

El coronavirus todavía no ha sido vencido. Los catorce rebrotes en el territorio español pueden ser la punta del iceberg. Con un 5 por ciento de prevalencia o de supuesta inmunidad de toda la población parece que no es para echar las campanas al vuelo. O se extrema la prudencia, por parte de todos, o podemos volver al confinamiento en unos meses. Esperemos que no, pero nadie lo puede asegurar.

El Gobierno se plantea decretar el estado de alarma por territorios si los rebrotes se descontrolan. Algunos dicen que se debería confinar a los que no usan la mascarilla obligatoria o que no se la ponen correctamente. Puede parecer excesivo, pero se trata de evitar una segunda oleada, que parece probable, tal como van las cosas. Si a esto se unen los casos importados de Brasil, Bolivia y otros países, es pensable que la situación se descontrole mucho en los dos próximos meses de verano.

El control de los aeropuertos debe ser más riguroso de lo que ya es. La libertad de movimientos por los países europeos supone riesgos evidentes de contagios por el coronavirus. Si aumenta mucho el número de vuelos diarios en Barajas, de 100 a unos 1.200, la cantidad de turistas o viajeros a controlar hará muy difícil que no nos veamos afectados por muchas personas contagiadas que difundan más el covid-19 por España. No ha acabado todo. Y no sirve de nada quejarse si vuelve a haber confinamientos en determinados territorios por la falta de prudencia de una parte considerable de la población. El sentido común parece que ha sido puesto entre paréntesis. Los más de 40.000 muertos en España nos recuerdan lo que puede volver a pasar en unos meses.

En Alemania un rebrote obliga a confinar a 360.000 personas. Es un claro aviso de lo que puede pasar en otros países europeos. En Israel están teniendo problemas serios con el coronavirus. Además, están aumentando los rebrotes en Europa con el desconfinamiento. Si todas las personas fueran responsables y tuvieran un comportamiento respetuoso con las normas de obligado cumplimiento esto no pasaría, pero no es así.

Si vienen muchos turistas británicos, norteamericanos, brasileños, etcétera, la situación se puede volver caótica para poder evitar la transmisión comunitaria en el plazo de semanas o meses.

El verano puede ser un caldo de cultivo ideal del covid-19, al que parece no afectarle el calor para su infectividad o capacidad de contagio. Si más del 70% de la población no se pone la mascarilla y no respeta la distancia de seguridad, poco se puede hacer. Estamos en las manos del azar y de la suerte. Así de rotundo y claro. Es lamentable que el porcentaje de ciudadanos que sí cumplen las medidas de protección tengan que verse perjudicados por los que desobedecen las normas impuestas por sanidad.

Parece que se imponen las ganas de vivir y disfrutar a toda costa sobre la razón y la prudencia. Pero resulta que también se puede gozar de la vida sin ser imprudente o temerario en la conducta.

Lo que hagamos de ahora en adelante tendrá sus consecuencias. Acción y reacción. Estamos en una especie de guerra sin cuartel contra esta pandemia. Está aumentando preocupantemente el número de contagiados y muertos por causa de este virus terrible en el mundo. Y con la globalización existente esto supone que la interacción entre las personas va a suponer hacer frente a nuevos riesgos que no se pueden eludir. Esperemos que la vacuna contra el coronavirus esté disponible en octubre con millones o cientos de millones de dosis y que nuevos medicamentos efectivos en esta lucha aparezcan en el mercado y puedan ser recetados por los médicos.

La pandemia se está expandiendo en Latinoamérica de una manera brutal y en África las perspectivas son también negativas. No es de extrañar que la operación de paso del Estrecho se haya suspendido este verano. Porque el tránsito de más de 3 millones de personas desde Marruecos a varios países europeos a través de España es un riesgo enorme que no se quiere correr.

En todos los países del mundo los gobiernos deben poner en vigor normas de protección para evitar que se contagie, en unos años, una considerable parte del total de la población mundial y con el propósito de que no se produzcan muchos millones de muertes por causa de esta horrible pandemia. Dependemos, sobre todo, de la responsabilidad individual.

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