No todo tiempo pasado fue peor
Quien ha vivido años, quien ha pasado por varias generaciones, puede percibir en sí mismo los cambios a lo largo de ese tiempo; reflexionando, cuesta asimilar el haber sobrellevado aquellos tiempos pasados con las carencias y necesidades en comparación con todo lo que ahora disponemos. En cuanto a lo material, comunicaciones, avances científicos, transporte y medios para todo, no hay color, estamos infinitamente mejor, de lo que no estoy tan seguro es de si todo eso nos hizo más felices de lo que lo fuimos cuando las escaseces eran tan profundas.
Los que ahora tienen de 60 años en adelante tienen la suerte de haber pasado por los cambios más brutales que este mundo ha dado a generación alguna. No solo referible a los cambios tecnológicos; los cambios más significativos, al menos a los que me referiré, son las relaciones humanas. En este aspecto, en vez de avanzar, hemos retrocedido sin darnos cuenta: se redujo la familia, antes existían hasta primos terceros, ahora todo queda reducido a padres e hijos y algún que otro abuelo que mientras sirva está, pero cuando sus facultades empiezan a ser un contratiempo, en un estorbo se convertirá, se le interna en esas residencias en espera de la muerte cargada de tristeza, desengaño y dolor.
Las reuniones y encuentros con amigos, se cambiaron por cortos mensajes de WhatsApp, esta aplicación se usa por miles de millones de usuarios para mandarse mensajes y conversar con amigos y familiares, lo cual ya da la medida de lo que quiero exponer. Sobra hasta la llamada telefónica, un cumplido wasapeando es la mejor receta para sentirte cumplidor con todo. No puedo acusar a nadie, suelo hacer lo mismo, pero siento que ese wasap es sinónimo de: estoy para ti, pero casi mejor lejos.
Qué decir del respeto hacia los mayores, profesores y entre todos. Ya ni se saluda al vecino, los ascensores son una caja de idiotas mirándose cada cual para sí mismo. Ahora lo que mejor nos viene son las mascarillas y el alejamiento sin abrazos y besos. ¿Para qué? Salvaron a muchas personas de sentirse en la obligación de mostrar su cara, ¡mejor tapada! Qué quieren que les diga, veo mucho más guapa a la gente con mascarilla.
Lo ocurrido con este covid-19, en las residencias y fuera de ellas, con nuestros mayores debería ser la vergüenza de todos los hijos y nietos. Sin lugar a dudas, si fuera al revés, que el coronavirus les afectara a ellos, los mayores serían capaces de entregar su vida por ellos, de comprometerse en todo para salvar cada vida, pero los jóvenes, nada más ver la fiesta del tenista y sus amiguetes, fueron ellos los afectados y contagiados, pero saben que posiblemente por edad todo resultará benigno, pero ¿miraron para sus padres, abuelos y vecinos mayores? ¡Claro que no!
Antes las gentes no tenían nada, pero les sobraban amor, amistad, solidaridad, positividad y alegría. Todo eso contrarrestaba las carencias materiales. Ahora, por el contrario, tenemos posibilidades, los niños tienen móviles, tablet, consola, ordenadores desde temprana edad, pero no saben jugar y relacionarse. Son una especie de prolongación del sofá. Antes, estábamos fuera jugando y correteando todo el tiempo, la imaginación y los retos hacían de cada momento algo superior. Ahora estamos recluyéndonos todos en coches, teles y parcelas cerradas, no queremos relacionarnos. ¿Qué ocurrirá dentro de otros 60 u 80 años? Me da miedo pensarlo. Nadie hace nada por cambiar nada, seguimos hablando de una ley de Educación y se complica por la imposibilidad de entendimiento entre las fuerzas políticas.
Es todo muy serio, de nada sirven avances científicos y tecnológicos cuando se retrocede en entendimiento y solidaridad. Lo vimos con este bichito minúsculo, nos puso a todos en su lugar, no somos nadie cuando no existe una conexión entre el ecosistema. Los seres vivos deben convivir entre sí; si son capaces de distanciarse entre ellos, qué no harán con el medio natural en que viven.
Hasta la Iglesia era respetada, no por los mandatos y restricciones morales y cainitas, por los sacerdotes que en ella catolizaban y se mostraban del pueblo y para el pueblo. Ahora, los curas con galones, sobre todo, echaron a las gentes de las iglesias y convirtieron el catolicismo en España en un vestigio del cristianismo.
Alguno recurrirá al materialismo más elemental y dirá que mejor ahora. Lo siento, colocando en la balanza pros y contras, antes: mejor y más felices. Antes se moría a más temprana edad, pero hasta en eso nos ganaban aquellas curtidas gentes: no temían a la muerte, algo irremediable para antes, ahora y después, con lo cual más ecuánime es vivir asumiendo el destino que vivir como si no te fueras morir jamás.
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