Renacer, volver a vivir
Al llegar a cierta edad es cuando uno le da muchas vueltas a eso de la reencarnación, que no lo tiene muy claro, o mejor dicho que no se lo cree, pero quiere dejar abierta una pequeña rendija, por si acaso. Se dice que la fe mueve montañas y es una gran verdad. Cuántas montañas ha movido la fe desde que el hombre es un ser racional, y no me refiero a una única fe, ni a un solo Dios.
¿Por qué no puede ser que una de esas montañas sea la reencarnación, el renacer, el volver a vivir? Puede ser, ¿por qué no? Lo que pasa es que no tenemos constancia cabal y verídica de ello. Nadie nos lo ha contado, no hay más que viajeros de ida y no consta ninguno de vuelta.
A veces, dando un paseo, observas a las personas que se mueven a tu alrededor y no es muy improbable que alguna de esas personas "te suene", te resulte una cara conocida, pero no sabes o no recuerdas quién es ni a quién se le parece. ¿No podría ser una reencarnación de alguien? Tal vez, aunque él no lo dice, no lo transmite, porque sencillamente no lo sabe. Esa persona ha venido a este mundo, como todos, engendrada en un vientre materno.
No hay que perder la esperanza de que en algún momento, ni se sabe cuándo, algunas de esas personas recuperen su memoria anterior, no por adelantos técnicos, simplemente por una causa natural evolutiva. De repente una de esas personas, ya adulta, proclama al mundo que ha tenido otra vida anterior, ha vivido también en el siglo XVII. Aporta pruebas fehacientes pero no convincentes, la gente en su mayoría no le cree, no tiene fe en esa persona ni en lo que predica.
No hay testigos presentes de ese tiempo que puedan refrendar sus pruebas. Sí hay
una historia de esa época, pero no se trata de corroborar algo que ya es conocido. Con el tiempo esa persona duda de su doble vida, se pregunta el para qué ha recuperado esa memoria, de qué le sirve ese tiempo vivido.
¿Se podría vivir así? No, se viviría en un ciclo mental muy complicado, tal vez permanente, y en algunos momentos no se tendría constancia de en qué tiempo se está viviendo. Lo más adecuado y práctico es pensar o creer que sí existe esa reencarnación, pero que llegaremos a ella sin saberlo.
Cuando está próximo ese fatal desenlace, el tuyo o el de un ser muy querido, la gente se encomienda a Dios, a ese Dios del que muy pocos se declaran creyentes y sin embargo muchos son los que a él se encomiendan y le piden ayuda.
Para quitar hierro, recordaré una simpática anécdota cinematográfica. En una película de Mariano Ozores, "Una monja y un Don Juan", un ladronzuelo se prepara para atracar una farmacia y en el camino va "santiguándose". El jefe le grita: ¡No te santigües, coño, no te santigües!
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