Juicio perdido
A veces no apreciamos el valor de la verdadera justicia hasta que asistimos a un juicio por difamación en el que un desesperado será el impotente acusado; un anónimo, la cobarde acusación, y la sociedad, la juez que lo condenará al escarnio público de su ruindad, o lo absolverá con la duda perpetua sobre su integridad. Aun así, socializar continúa siendo la mejor ciencia para fomentar la amistad mientras no degenere en criticar, creído de estar diciendo la verdad, o en difamar, consciente de estar convirtiendo lo desconocido en probable y la inocencia en culpabilidad; entonces se transformará en la ciencia, innata o adquirida pero siempre endiablada, que intenta calmar a destiempo los complejos no resueltos a tiempo a costa de la reputación de los demás.
Antes de comenzar a penar, le permitió la juez un último alegato; consciente de su absoluta indefensión, lo utilizó el reo para dirigirse al único juez que conocía su verdad: "¡Dame, Señor, voluntad para comprender la debilidad del que me critica, pero, dame razón para comprender que no merece mi perdón la maldad de quien me difama!".
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