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Lo que el carbón se llevó y otros aprovecharon

10 de Julio del 2020 - José Luis Álvarez Lauret (Gijón)

El domingo 28 de junio, LA NUEVA ESPAÑA publicaba una carta de don Ricardo Luis Arias (de Aller) sobre los problemas que el carbón generó hace un par de siglos, cuando empezó a extraerse a las gentes de aquella Asturias rural y ganadera que veía cómo las aguas de su limpio Nalón empezaban a bajar turbias y cómo algunos de sus verdes prados se convertían en negras y sucias escombreras. Aquella negativa situación para las gentes de aquel tiempo pasó con los años a ser una especie de Potosí para miles de familias no solo asturianas, sino de españoles de zonas deprimidas que quisieron buscar y encontrar en nuestras minas su California particular. El carbón, negro y sucio, la verdad es que generaba unas pesetas duras de conseguir, pero que arreglaban la economía de mucha gente.

El señor Arias también hace mención a lo que de negativo está suponiendo para las cuencas mineras lo que él llama “el cerrojazo a la explotación del carbón”. Efectivamente, cerrar las minas sin antes haber buscado alguna solución alternativa que supusiera el que las gentes de las comarcas siguieran teniendo un medio con el que poder ganarse su sustento, a mi entender, no solo fue un error sin más, sino un verdadero atropello. Algunos, sin pretender ser más listos que el resto, ya veíamos entonces, cuando empezaron con las prejubilaciones, que esto de ahora iba a pasar. En parte todos fuimos algo culpables. Los políticos, los que más, pero también los sindicatos y, cómo no, los propios mineros. Las prejubilaciones eran, a todas luces, una engañifa para acallar protestas. Nos mandaban para casa a edades tempranas respecto de la edad de jubilación ordinaria, y además con unos promedios salariales que muchos ni los habían soñado estando en activo, y todos tragamos el anzuelo. Ahora ya es tarde para lamentaciones. Los mineros que por edad se van a la tumba llevan con ellos también el puesto de trabajo que en su día vendieron por un mal plato de lentejas y que hoy podía estar ocupando por alguno de sus descendientes. Triste realidad, pero es así. España entonces, al entrar como miembro de pleno derecho en el entonces Mercado Común (hoy UE), recibió millones a grifo abierto para la reconversión industrial, y ¿qué se hizo? Nada, prejubilar, construir rutas para bajar barrigas, canchas de petanca y subvencionar vacaciones vía Imserso; todo lo demás, ahí se ve, ruina y lamentaciones.

Uno, viendo estas cosas, llega a la triste conclusión de que no servimos ni para copiar; digo esto porque antes que nosotros ya habían pasado otros por situaciones de reconversión similares. Haberse fijado en lo que había hecho Alemania en la cuenca minera del Ruhr (Ruhrgebiet). Aquí, los políticos de la época se quitaron el muerto de encima, llenando barrigas de ayer para dejarlas pasar hambre hoy; y ahora: si os he visto, no me acuerdo. Los millones volaron y los pozos mineros ahí están, con su cerrojazo puesto.

Gracias, señor Arias, por sacar a colación tema tan preocupante. Yo no pertenecía a la minería, pero el problema de sus gentes lo entiendo muy bien. En la siderurgia nos pasó igual; para casa prejubilados, y sopitas y buen vino. Y ¿ahora qué? Todos fuimos culpables, si no por acción, por omisión.

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