De nuevo Madrid
Se oyen estos días comentarios acerca de los madrileños que solo pueden partir del temor y no de la hospitalidad que nos caracteriza; aun siendo más el ruido de unos pocos que el sentir general, es un ruido molesto que habla de su inconsciencia por visitar en masa nuestras playas, amparados ya por la ley, sin pedirnos ellos explicaciones cuando disfrutamos de su plaza Mayor, de la Gran Vía, la Castellana, las atracciones, los museos, la Puerta del Sol..., cuando nos viene en gana. Nos olvidamos de cuando asistimos desde sus terrazas al discurrir del histórico Madrid y sus habitantes ejercen de perfectos anfitriones de los que acudimos a perdernos en el bullicio de sus calles, de igual manera que ellos cambian de aires en nuestras playas, lo que aparte de riqueza aporta orgullo, porque cuando viajamos por placer lo hacemos buscando algo agradable que necesitamos. Renegar cuando conviene de una ciudad que nos abre sus puertas de par en par sería algo así como renegar de la hospitalidad que nos representa cuando no conviene para volver a por ella cuando ya sí conviene, es decir, que no sería hospitalidad sino conveniencia.
Tan normal es que escapemos del peligro como que cerremos nuestra casa para que el peligro no entre, así que será nuestra humanidad la que deba enseñar a nuestra razón a comportarse.
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