Si vamos a creer en algo, ¿por qué no investigarlo primero?
Siempre trato de leer cualquier cosa con deportividad, cuanto más vuestros escritos, queridos compañeros de afición al pensamiento. Alguna vez les he pedido a algunos de mis amigos que lea esta o la otra carta que a mí me ha parecido genial. Otra cosa es que dé por auténtico o legal, científico, demostrable, veraz en definitiva, cualquier pensamiento, que por otro lado me puede gustar, divertir o hasta transmitirme ensoñación. Alguno de esos escritos ha provocado mi espíritu docente, entonces tengo una riña con la almohada o con el ordenador y si la gano, pues puedo pasar página. Hace unos días una de esas cartas, genial, por cierto, ha conseguido que la almohada y el ordenador ganen la riña, permitiendo que cometa la tontería tan poco elegante de responder, pero ¡por favor!, es con cariño. Se trata de: "Cielo, paraíso o nada". Supongo que los habituales ya conocéis mi debilidad por los temas espirituales. Va a ser muy difícil responder con pocas palabras, así que me perdonaréis que deje las respuestas directamente en manos de la Biblia y que lo haga en tres cartas.
Hoy, el cielo: El cielo es un espacio físico -sobre esto no caben interpretaciones-, pero sirve para que nos hagamos una idea sobre dónde habitan los seres no físicos. El término hebreo schamáyim (siempre en plural), que se traduce "cielo(s)", parece designar en su sentido básico lo que es "alto" o "encumbrado: "Porque, tal como los cielos están por encima de la tierra, así mis caminos están por encima de vuestros caminos, y mis pensamientos, por encima de vuestros pensamientos" (Isaías 55:9). La etimología de la palabra griega para cielo (ouranós) es incierta. La palabra "cielo(s)" se puede aplicar a toda la atmósfera terrestre, donde se forman el rocío y la escarcha, donde vuelan los pájaros, donde soplan los vientos, donde resplandece el relámpago y donde están las nubes que dejan caer su lluvia, nieve o piedras de granizo.
Esta región atmosférica corresponde con la "expansión (heb. raqía)" formada durante el segundo periodo creativo, de la que se habla en Génesis 1:6-8. Es a ese "cielo" al que se hace referencia en Génesis 2:4, Éxodo 20:11 y 31:17 cuando se alude a la creación de "los cielos y la tierra". Los "cielos" físicos comprenden tanto la atmósfera terrestre como las regiones del espacio sideral con sus cuerpos estelares, "todo el ejército de los cielos": el Sol, la Luna, las estrellas y las constelaciones. En el primer versículo de la Biblia se alude a la creación de esos cielos estrellados antes de la preparación de la Tierra para la vida del hombre. (Génesis 1:1.) Tanto estos cielos como la expansión, muestran la gloria de Dios, pues son la obra de sus "dedos". (Salmos 8:3; 19:1-6.)
Todos esos cuerpos celestes están controlados por los "estatutos de los cielos" que Dios ha establecido, unos estatutos que los astrónomos todavía son incapaces de comprender a pesar de la tecnología moderna y sus avanzados conocimientos matemáticos. (Job 38:33; Jeremías 33:25.) No obstante, sus hallazgos confirman lo imposible que es para el hombre medir los cielos o siquiera contar las estrellas. (Jer 31:37; 33:22.) Dios no solo las cuenta, sino que hasta las llama por nombre. (Sl 147:4; Isa 40:26.)
Las mismas palabras del lenguaje original que se utilizan para referirse a los cielos físicos se aplican también a los cielos espirituales. El maravilloso Creador de todas las cosas, no reside en los cielos físicos, pues es un Espíritu, pero como es "Alto y Excelso" y reside en "la altura" (Isaías 57:15), es apropiado el uso de esta palabra hebrea, cuyo sentido básico es "elevado" o "encumbrado", para designar la "excelsa morada de santidad y hermosura" de Dios. (Isa 63:15; Sl 33:13,14; 115:3.) Como el Hacedor de los cielos físicos (Gé 14:19; Sl 33:6), Jehová es también su Dueño (Sl 115:15, 16), y puede hacer cualquier cosa en ellos, incluso actos milagrosos. (Sl 135:6.)
Por todo esto, en muchos textos la palabra "cielos" representa a Dios mismo y su posición soberana. Su trono está en los cielos, es decir, en la región de los espíritus bajo su dominio. (Sl 103:19-21; 2Cr 20:6; Mt 23:22; Hch 7:49.) Desde su posición suprema o última, Jehová 'mira desde' encima de los cielos y la Tierra físicos (Sl 14:2; 102:19; 113:6), y desde esa posición encumbrada también habla, satisface peticiones y pronuncia juicio. (1Re 8:49; Sl 2:4-6; 76:8; Mt 3:17.). Jesús también usó los cielos como representación de Dios cuando preguntó a los líderes religiosos si el bautismo de Juan era "del cielo, o de los hombres" (Mt 21:25; Jn 3:27); y el hijo pródigo confesó haber pecado "contra el cielo" y contra su propio padre. (Lu 15:18, 21.) Por lo tanto, la expresión "el reino de los cielos" no significa solo que tiene su sede en los cielos espirituales y que domina desde allí, sino también que es "el reino de Dios". (Da 2:44; Mt 4:17; 21:43; 2Ti 4:18.)
Hay mucho, mucho, mucho más que podríamos seguir considerando acerca de los cielos. El apóstol Pablo, uno de los escritores inspirados por Dios para escribir Su Palabra a los hombres, habló incluso de un tercer cielo (2 Corintios 12:2). Yo, por hoy os dejo ya los deberes suficientes para el repaso, y en la siguiente ocasión, hablaremos del paraíso.
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