Dudas
Le decían que el mundo se movía por humanidad, mientras le daban besos, como era normal, a un zagal de su edad; pasó el tiempo y se creía los besos de su madre, pero algo menos los halagos de la humanidad en general; pasó más tiempo y ya no dudaba ni de los besos ni de la humanidad, porque había vivido lo suficiente para que todo le diera igual; había descubierto que la existencia se cubre de niebla cuando ves, claro y al fondo, el principio o el final, y que, si merecía la pena luchar por medrar y medrar, ¿por qué te ves tan pequeño cuando, rico y poderoso, se acerca el humilde final? Pero sí, no mentían cuando de zagal me decían que merecía la pena vivir, y que el sentido que buscaba cada mañana cuando miraba al cielo estaba a mi lado, en la mesa de aquel bar, en el pausado paseo de dos vidas que se unen para aguantar, las penas de la ruina o las alegrías de la Costa del Sol; ahora, tiene que ser el corazón, del que nunca me fié por complicado, por noble y por traidor, el que me diga que tenía yo razón cuando me decían de zagal, que buscara la felicidad en el dinero y yo la busqué de hombre al lado de mi mujer.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

