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Capítulo 3: La nada

1 de Julio del 2020 - José Luis Sancho Sánchez (Zaragoza)

¿Quién quiere la nada? Pues... antes de entrar en materia, antes que nada, aprovecho para felicitar a Héctor y a su familia porque el chaval de 13 años se tiró al río este domingo 28/6 para salvar a una mujer de 46 años que estaba siendo arrastrada por la corriente del río Cincueta, en el pirineo Oscense. Él mismo tuvo que ser rescatado por los dos guardias civiles de Bielsa: Adriano y Lorena, ya bajo una hipotermia. ¿A que mola la historia? Bueno, pues eso, ¿Quién quiere la nada?, o ¿Quién quiere a Héctor?

Bueno... para los cristianos cualquier sacrificio es poco siguiendo el ejemplo de Jesús.

Yo nací católico porque así se bautiza a los bebés en esta cultura, sin preguntarles; pero con el tiempo fui llegando a mi propio estudio y conocimiento de lo que realmente importa en el cristianismo y en toda otra cosa: la verdad de Dios. Nunca nadie me había explicado por qué Jesús debía morir siendo perfecto y sin pecado, ni por qué ese sacrificio puede salvar al que pone fe en él. Cuando eso no se ha explicado, el creyente "cristiano" no tiene nada. De esa nada, surgen las mezclas entre creencias, filosofías, historias, leyendas, que al final no llegan a nada.

Si son las historias humanas las que nos han de salvar, que se salve primero el que cuenta la historia; no sé, ¿ustedes conocen a alguien? Ahora bien, si es Dios el único que tiene el poder para darnos o devolvernos la vida, tendremos que considerar las historias humanas o humanoides en nada, y empezar a interesarnos por Aquel que sí puede darnos la vida, para ver qué proyecto tiene y si podemos entrar en él. Sin un proyecto de vida, da lo mismo si venimos de la casualidad de una sopa orgánica luego hecha una mona, a la que luego se encontró Dios y va y le dio un alma inmortal, siguiendo la idea de Platón.

La Biblia no habla de un alma separada del cuerpo e inmortal. Hasta la New Catholic Encyclopedia (Nueva enciclopedia católica) reconoce: "Las palabras bíblicas para alma significan comúnmente la persona completa". En este sentido los seres humanos no tienen almas... son almas. En Ezequiel 18:4 tenemos una muestra: "Todas las almas me pertenecen. Tanto el alma del padre como el alma del hijo me pertenecen. El alma que peque esa morirá".

No quería entrar demasiado en historias, porque en esto de la vida basta con lo que diga el Creador de la vida, pero... vale, esto... un parrafico de nada.

Hubo dos primeros filósofos que tuvieron una gran incidencia en las doctrinas de la cristiandad: Orígenes de Alejandría (c. 185-254 E.C.) y Agustín de Hipona (354-430 E.C.). La New Catholic Encyclopedia dice de ellos: "Solo con Orígenes en Oriente y san Agustín en Occidente se estableció que el alma es una sustancia espiritual y se formó un concepto filosófico de su naturaleza". ¿Sobre qué base formaron Orígenes y Agustín sus conceptos del alma?, no en el cristianismo. El cristianismo auténtico comenzó con Cristo Jesús.

Miguel de Unamuno, escribió respecto a Jesús: "Creía acaso en la resurrección de la carne, a la manera judaica, no en la inmortalidad del alma, a la manera platónica... Las pruebas de esto pueden verse en cualquier libro de exégesis honrada". Unamuno concluyó: "La inmortalidad del alma... es un dogma filosófico pagano".

Entonces, ¿no hay esperanza para el ser humano? Sí, hay esperanza. Pero no depende de que usted tenga "alma inmortal". Depende de que uno sea abarcado por el sacrificio de rescate de Jesucristo, "Porque hay un solo Dios, y hay un solo mediador entre Dios y los hombres: un hombre, Cristo Jesús, que se entregó como rescate correspondiente por todos. De esto se dará testimonio al tiempo debido" (1 Timoteo 2:5,6). Un rescate para que ser resucitado, o restaurado a la vida, en una Tierra paradisíaca perfeccionada después que Dios destruya al presente sistema inicuo y establezca condiciones justas de paz y justicia duraderas en toda la Tierra. (Apocalipsis 20:11-13; 21:1-4).

De cómo nos rescata el sacrificio de Jesús... (Juan 3:16; Romanos 5:12,18; 1 Corintios 15:22)... seguiremos hablando si Dios quiere.

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