Yo sigo de luto y no se me va a olvidar vuestra infamia
Mi madre murió el 12 de abril de 2020 en el Hospital del Valle del Nalón por coronavirus y en la más absoluta soledad.
Sola y abandonada a su fatal desenlace por parte del doctor que la atendía, al admitir negarle un respirador basándose en su deterioro cognitivo y trasladarla al CREDINE, no inaugurado y habilitado para abandonar a su suerte a determinado perfil de pacientes del covid-19. Una cadena de decisiones merecedoras del Guinness World Records de la maldad e incompetencia.
Pero el doctor no ha sido el único y es tan solo el último eslabón de dicha cadena. Han sido colaboradores necesarios:
El gerente del área sanitaria, que con su llamada telefónica apoyó la decisión del doctor y que se “volvió atrás” ante nuestra negativa a trasladarla al CREDINE.
También el Servicio de Salud del Principado de Asturias, puesto que mi madre salió de la Residencia Pública de Pola de Laviana, el día 27 de marzo, sin estar contagiada por el SARS-CoV-2 y ocho días más tarde apareció contagiada: ¿durante el traslado en ambulancia?, ¿durante su aislamiento protocolario?, ¿en el propio Hospital del Valle del Nalón?
También la Residencia Pública de Pola de Laviana, que, a partir de un dolencia leve y habitual en el caso de mi madre, tomó la decisión de someter a una persona de alto riesgo, basándose en sus antecedentes sanitarios y en pleno pico de la pandemia, a dos ingresos en el Hospital del Valle del Nalón: uno el 19 de marzo (con alta el 24 de marzo) y un segundo, de fatal desenlace, el 27 de marzo.
Tampoco hubiera sido posible su contagio si el médico del centro de salud de Pola de Laviana hubiera acudido al centro público residencial a atenderla, en lugar de prescribir telefónicamente y derivar el caso al teléfono del covid-19.
La Consejería de Salud del Principado de Asturias también es responsable, puesto que fue advertida con antelación suficiente de todas estas arriesgadas prácticas, mediante escritos registrados telemáticamente.
Tampoco hubiera sido posible sin la colaboración necesaria del miserable señor Simón, okupa del Centro de Coordinación y Alertas Sanitarias, quien con sus sistemáticas y persistentes mentiras, y a pesar de tener toda la información necesaria, negó la gravedad de la situación y sometió a la ciudadanía a una falsa apreciación de la pandemia que condujo a un contagio innecesario de gran parte de la población y especialmente entre la población sanitaria femenina, como muestran los informes emitidos diariamente por el Instituto de la Salud Carlos III.
Y, por supuesto, quienes apoyaron las mentiras del señor Simón y lo mantuvieron en su puesto, a pesar de conocer la gravedad de la situación, entre ellos, el ministro Illa y hasta el propio presidente del Gobierno, con toda su interminable lista de incompetentes ministros.
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