Abascal y su sindicato
Hoy escuche a Santiago Abascal, líder del partido político Vox, tercera fuerza política del país, que tiene la intención de fundar un sindicato. Craso error. A mi criterio ese fue el grueso error del Gobierno de don Francisco Franco durante sus cuarenta años de mandato, que solo terminó cuando terminó su vida, aunque ahora aparecen muchos valientes que dicen haber ganado la "guerra" contra el régimen. ¿Cuántos grandes errores lleva acumulados don Pedro Sánchez en solo dos años? Cuando las cosas se hacen razonablemente bien, suelen perdurar.
Abascal pretende resucitar el Sindicato Vertical, que, igual que los sindicatos actuales, no representaba nada más que a sus propios, vagos e inútiles para el trabajo, salvo una honrosa excepción, don Nicolás Redondo, pues don Marcelino tenía de obrero trabajador solo el jersey de cuello alto que le tejía su mujer. Bien recuerdo, aunque ahora todo el mundo lo olvide, cuando pasaba sus vacaciones invitado en la Rumanía de Nicolau Ceaucescu, de donde volvía hinchado (sexta acepción de la RAE) de placer deseando un régimen igual para la España ya democrática.
A quienes decía representar difícilmente podían pasar unos días en Benidorm.
Tengo una "bonita experiencia" con el Sindicato Vertical en la delegación de su fastuoso edificio de Oviedo a consecuencia de un "desencuentro" con mi entonces jefe, don Francisco Javier Sitges Menéndez. Trabajé en Asturiana de Zinc colaborando en el proyecto, montaje, puesta en marcha y primeros años de producción. Fui jefe de electrolisis, fusión y servicio eléctrico. El señor Sitges, aunque asturiano, era un "perfecto señorito andaluz", incompetente y caprichoso, abusando de los derechos de los trabajadores. Ya sé que de su amistad con el anterior jefe de Estado se puede obtener una visión más favorable hacia sus posibles virtudes. Todo falso. En Avilés cuando alguien se refiere a esa familia suele hacerse en plural, "los Sitges", pero se equivocan, yo tuve un gran aprecio por don Juan, su padre, y por Juan Blas, su hermano. Ambos se portaron conmigo como verdaderos caballeros. La oveja negra es Francisco Javier. Siendo su padre presidente de la asociación nacional de ingenieros de minas, no fue capaz de ingresar en la Escuela de Minas e hizo Químicas en la Facultad de Oviedo. Si conocieran cómo hizo el doctorado con la tesis sobre engrase, cuando estábamos poniendo en marcha la única fábrica de zinc electrolítico de España, se asombrarían. Lo de don Pedro Sánchez es una broma.
Siguiendo con el Sindicato Vertical, el delegado provincial, cuyo nombre no recuerdo, me citó en la sede de su fastuoso edificio de Oviedo el viernes 14 de septiembre de 1962. Acudí y me recibió en una salita anexa a su despacho. Después de un interesante "interrogatorio" y algunos falsos consejos y apoyos, decidió pasar a su despacho y abrió la puerta. Detrás de ella, escuchando, estaba "el señorito". Me llevó para Avilés en su coche, un Mercedes deportivo de segunda mano, importado de Francia por la aduana portuguesa de Fuentes de Oñoro, y quedamos citados para el sábado en el despacho del jefe de compras. Su titular acudió como testigo. Me ofreció dejar mi puesto en la fábrica y pasar a ocupar el de jefe de la oficina técnica y mantenimiento mecánico que ocupaba otro compañero. No lo acepté y el lunes siguiente tuve que dejar el empleo. Me fue mejor, pues siendo hijo de obrero, para quienes ahora dicen que en tiempos de Franco no había "vida", la noche que murió dormía yo en un hotel de cinco estrellas de Barcelona por razones de trabajo.
Así que, señor Abascal, don Santiago, siga a lo suyo, que parece ser la política y no lo hace mal, y no se meta en berenjenales que nada bueno le van a aportar.
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