Consumismo
El consumismo promovido por las grandes marcas, con un coste desorbitado acorde al impacto social que consiguen, demuestra que si pueden convertir una mascarilla, que representa un pésimo escenario sanitario, en una prenda de moda en sus catálogos sin temor alguno a que les repercuta negativamente en las ventas, significa que nos tienen donde querían al conseguir que cambiemos, sin poner resistencia, nuestras ideas de ahorro por las suyas de derroche: ver, probar, comprar. Es verdad que se debe tratar de amortiguar con ideas positivas la negatividad que una situación anómala como esta introduce en nuestras vidas, pero sin perder tampoco la conciencia de preocupación que debe acompañar la visión de una mascarilla fuera de su entorno natural sanitario, para no perder el contacto con la normalidad que conduce a que otros manejen nuestra cartera cuando vamos de compras y regresamos sin dinero y con diez artículos de los que solo necesitamos dos, es decir, salir de compras y regresar comprado. Una mascarilla quirúrgica representa la realidad de una pandemia, una mascarilla de marca tuneada mejora el ambiente social pero representa nuestra fragilidad al necesitar normalizar la anormalidad para protegernos inconscientemente de lo que nos puede hacer daño, de lo desconocido. Las grandes marcas nos dan siempre lo que les pedimos, en este caso, camuflaje mental para la guerra.
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