"Terminator", la osadía del ignorante y la paranoia
Unos meses antes de las últimas elecciones norteamericanas, cuando el populismo de un demagogo que se jactaba de no haber leído un libro en su vida y que se presentaba a sí mismo como un antisistema podía ganar las elecciones, le manifesté mis temores a un conocido mío y este me comentó que no pasaría nada, porque EE UU. dispone de un sistema de contrapesos que en la práctica imposibilitaba cualquier tentación autoritaria.
Otro amigo mío (que viajaba con frecuencia a EE UU) decía que le gustaba este país porque, a diferencia de España, decía, la mentira no se perdona en política y me recordaba que Clinton no sufrió un proceso de "impeachment" por sus aventuras sexuales sino por haber mentido.
Casi cuatro años han transcurrido desde entonces y el resultado es el que conocemos, ni contrapesos que funcionen ni la mentira como algo inaceptable en la práctica política estadounidense. Para ser más exactos, los contrapesos funcionaron en la primera potencia del mundo en el "caso Watergate" y lo de la mentira murió con Clinton. Mis temores y los de millones de ciudadanos dentro y fuera de EE UU se cumplieron, pero en forma de pesadilla. Hoy este país es dirigido por un personaje que no engañó a nadie, pero al que millones de estadounidenses (incluidos muchos hispanos) le compraron su discurso y sus promesas. Los contrapesos no han funcionado (el "impeachment" fue una burla a la inteligencia) y la mentira se instaló en la Casa Blanca como motor de la política ("The Washington Post" ha documentado las mentiras de Trump en más de 16.000 ocasiones, 14 diarias. No existen precedentes en ningún país del mundo, ni siquiera por parte de los dictadorzuelos del tercer y cuarto mundo).
"Terminator" se instaló en la Casa Blanca el 20 de enero de 2017 y los destrozos producidos, tanto en el ámbito nacional como internacional, tardarán mucho tiempo en cicatrizar. EE UU no volverá a ser lo que fue. Pero ha tenido que ser (patéticamente) un diminuto bicho, el covid-19, el que probablemente lo desaloje de la Casa Blanca. Puede ser su "kriptonita", de lo contrario, el mundo no podría resistir otros cuatro años de destrozos.
Todos los analistas políticos coinciden en que no existe en la historia de este país un periodo tan negro y de tanto desprestigio internacional como el protagonizado por este energúmeno, cuya ignorancia, mezclada con su narcisismo, es una bomba de relojería porque no es consciente de sus limitaciones intelectuales, solo comparables al dirigente norcoreano Kim Jong-un y al neofascista brasileño Joan Bolsonaro (a quienes profesa cariño), con la diferencia de que Trump preside la nación más poderosa (de momento) del mundo. Su negación de la realidad y su autoritarismo le han llevado a la ensoñación del paranoico. Él mismo se ve en el monte Rushmore, junto a los padres de la patria USA: Lincoln, Jefferson, Washington y Roosvelt. La foto publicada "urbi et orbi", después del mitin del 4 de julio, es percibida por Trump como un anticipo de que se cumplirá su sueño de verse esculpido en el monte de Dakota del Sur. Ya no es narcisismo, es paranoia. Es lo que les espera a los estadounidenses si, por desgracia, vuelve a ser elegido.
Tres millones de contagiados, 130.000 muertos (sin haber llegado todavía al pico de la pandemia), batiendo todos los récords, día tras día y él sin inmutarse, ejerciendo de "Terminator" con su pueblo, "lo importante es la economía". Gracias al sentido común de algunos gobernadores el desastre no es mayor. ¿Dónde están los contrapesos? ¿Dónde quedó la mentira como un desvalor de la política estadounidense?
"Terminator" continúa arrasando como "el caballo de Atila". Su anuncio de que EE UU deja la OMS ha sido valorado por los expertos y señalan que es "dejar desprotegida de salud a sus propios conciudadanos", es un "movimiento autodestructivo", "un crimen contra la humanidad", pero... ahí está "Terminator", impasible... soñando con verse esculpido en el monte Rushmore bajo el lema "América First". Seguro que al llegar a la Casa Blanca, después del mitin del 4 de julio y, al ver su foto junto a los cuatro presidentes de USA, en el monte sagrado de los Sioux, tuvo un orgasmo.
En mi época de estudiante, cuando hacia prácticas en el hospital psiquiátrico de Ciempozuelos (Madrid), conocí a un paciente que se masturbaba con imágenes proyectadas de sí mismo junto a los "Beatles" porque se creía que él era el quinto "Beatle".
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