Ni Sánchez ni Iglesias en la Almudena
El presidente del Gobierno tiene un problema con el "Falcon". Es más lento que el caballo del malo; explíqueme si no cómo es posible que nuestro amado líder no haya tenido tiempo para acudir a la catedral de la Almudena (Franco ya está en Mingorrubio, señor presidente) al funeral por las víctimas del covid, so pretexto de viajar a Lisboa, a tomar un aperitivo con su homólogo António Costa.
Un viaje que en circunstancias normales dura menos de una hora ha impedido a nuestro presidente asistir a la ceremonia, a la que tampoco se ha dignado acudir su vicepresidente segundo, el señor Iglesias, en representación del Gobierno.
Ni altura moral, ni dignidad, ni consuelo, ni empatía, ni afecto, ni consideración alguna para los compatriotas fallecidos y sus familias. Hasta me parece esta dejación un acto ofensivo que hiere la sensibilidad de cualquier ciudadano, sea cual sea su preferencia política.
¿Recuerda a Suárez, Calvo-Sotelo, González, Aznar, Zapatero o Rajoy, con cualquier excusa peregrina, dejando de asistir a funerales por víctimas de diversas tragedias, por no soportar con la entereza que se le presupone a un líder los reproches de quienes con más o menos motivos optaran por los pitos y los abucheos?
Mucho rollo durante cuatro meses de "estar unidos", de "salir juntos" de la tragedia y de "no dejar a nadie atrás", pero nunca les vimos en un hospital, nunca en un homenaje a las víctimas, nunca con un crespón negro en los anodinos y eternos mítines de fin de semana.
Sí acudirán el próximo día 16 en el Palacio Real de Madrid al homenaje que el Gobierno anunció que se celebraría en honor de las víctimas del coronavirus, pero con la particularidad de que este homenaje no lo organiza la Iglesia católica y quizás de esta forma el señor presidente podría acaparar todo el protagonismo, dejando al Rey Felipe, protocolariamente, en un segundo plano.
Pero hasta en esto les ha salido "el culo por la tirata", que diría Gala, ya que al ser un homenaje de Estado, debe de estar presidido por el jefe del Estado, que, obviamente, no es otro que el Rey.
Después de la demostración de incompetencia, improvisación, oscurantismo, falta de transparencia, inutilidad y sectarismo, nuestros gobernantes consideran que los españoles somos una horda de indigentes intelectuales, estúpidos, infantiles, incultos e incapaces de dirigir nuestra propia vida... Maldito postureo.
Saludos cordiales.
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