Gracias, Paco
"Para don Ramón, con afecto", Paco Domínguez en LA NUEVA ESPAÑA del 8-5-20. Gracias, Paco, por su deferencia afectuosa; y disculpe el retraso en devolverle la cortesía. El afecto es un bien escaso que no conviene dilapidar, más en estos tiempos de transición energética. Si no fuera por evitar parecer impertinente, le sugeriría que puede apearme el "don", tratamiento ya obsoleto. Lo mismo se podría decir del "usted", cada día más en desuso. Se lo dice un ser tan arcaico que creció en una familia en la que a los padres los tratábamos de usted, y que se formó en un país y en un ambiente donde a todo el mundo se le trata de usted (incluso entre estudiantes, si no son amigos).
No alcanzo a seguirle en su disertación sobre "las ideologías distópicas". Me tranquiliza que incluya en ellas al "nazismo, fascismo y comunismo"; de ahí deduzco que no se identifica con ninguna de las tres. Y que tampoco a mí me identifica. Gracias. Pero cuando añade que "el neoliberalismo será la puntilla destructiva global", siento la incómoda impresión de que me retiran la escalera dejándome colgado de la brocha. ¿Hay algún remedio tópico para tanto "veneno distópico"? Por necesidades del guion, hube de compaginar mis estudios con el trabajo manual remunerado (lo que me permitía bromear con que mi currículo incluía tantas horas de fábrica como de biblioteca). Tal vez eso me dejó una reserva incurable frente a las ideologías y a los ideólogos. Por eso me sorprende que un profesor de Tecnología se lance con tanta alegría al batiburrillo ideológico.
"Pero que Luis M. Alonso diga..." No tengo idea de quién me habla, ni mucho menos de lo que el tal quiden diga. Lo mismo dirán de mí "esos columnistas, apóstoles del horror", y demás epígonos de la derecha y ultraderecha "mediática" (!) a que usted alude: no saben que existo. En cambio existen personajes, al parecer purificados de ese mal endógeno que "se llama egoísmo", que en estas mismas páginas me ponen a caer de un burro.
"Déle cuerda al reloj que marcó sus orígenes ideológicos". Vamos allá, Paco: el reloj, si le dan cuerda, no se para, pero sigue en el mismo sitio. Entre los 15 y los 30 años (esa etapa que, al decir de Shakespeare, mejor pasáramos dormidos) fui un progre "comm' il faut" (con la salvedad de que no fui ni estalinista ni maoísta). De no haberme movido, sería hoy un progre de toda la vida. Es decir, la forma más adocenada y mimética de ser conservador. "Una pena que se haya desviado por la pendiente conservadora": a lo mejor no le falta razón. De haberme deslizado por la progresista tal vez podría hacer frente a una hipoteca de 600.000, o haber recalado en el Consejo de Enagás, como Pepe Blanco. En cambio, me tengo que conformar con ser la modesta prueba de que se puede sobrevivir sin caer tan bajo para llegar tan alto.
"Tengo un par de preguntas para usted". "No me responda, no hace falta". Menos mal; no hubiera sabido qué responderle. "Leo con avidez todo lo que usted escribe en los medios": prométame que lo seguirá haciendo. Yo también le leo (incluido lo "De sainetes y algorías pastoriles"). Lo dicho, Paco, gracias por su atención deferente. Yo también le aprecio, hombre.
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