¿A qué o a quién debemos lealtad?
Tu reloj es fiel pero no leal; te da fielmente la hora día a día, pero si alguien te lo roba hará para él lo mismo que hacía para ti. La lealtad anda mal enfocada estos días; quizá sea necesario un replanteamiento de las lealtades, porque sería un verdadero fracaso en la vida habernos entregado al ladrón.
Pongamos algún ejemplo: el hombre que le da a su mujer el bufido y a su secretaria el halago -no hablemos ya del siguiente paso- aún cree que es leal porque lleva el sustento a casa; el joven que va para médico y hace trampas en el examen no ve su lealtad para con el futuro paciente, al que dará una pésima atención cuando no arriesgue su vida; el ciudadano que se enfrenta al Estado -que es el que cuida por su seguridad y sus derechos- dando apoyo al político subversivo no se da cuenta de que el reloj es de todos. ¡Que jóvenes son algunos! Los políticos no son dueños de nada, son funcionarios pagados por el Estado. Su cometido es trabajar para el Estado, no aprovecharse de él y luego atacarlo para su pequeña gloria, en muchos de los casos para el desastre de toda una nación.
Y qué diremos de la lealtad a Dios, quien nos ha dado la vida, incluida la conciencia. Según las estadísticas, en España el 60 por ciento no cree en Dios, y ni siquiera se está mencionando a Dios estos días, días absortos en la supervivencia física, pero, eso sí, junto a esa mayoría más o menos atea, descreída o agnóstica, algunos esperan fielmente a la fiesta del pueblo, con sus tradiciones dudosamente religiosas, las antiguas y las que se van añadiendo cada año.
Claro que ahora mismo, poco importa. ¿Acaso no puede uno darse a sí mismo la hora que quiera? -quizá piense alguien-, depende de lo que esperemos a cuenta. Para la vida, las normas de Dios las pone él. “(...) habéis invalidado la palabra de Dios a causa de vuestra tradición. Hipócritas, aptamente profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está muy alejado de mí. En vano siguen adorándome, porque enseñan mandatos de hombres como doctrinas’”. (Mateo 15:6-9). Ser o no ser leal a lo debido, he ahí la cuestión, habrá que ponerse las pilas porque todo parece indicar que vamos a necesitar la ayuda divina.
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