De torpeza en torpeza y tiro porque me toca
Hemos señalado en varias ocasiones las dificultades de conformar un gobierno con los mimbres del PSOE y de Podemos, por su historia, ideario, programas, cultura de partido y, en este caso, por la “peculiaridad” de sus líderes. Pero había que intentarlo y, por ello, muchos apostamos por ello y lo saludamos con alegría, pero sin euforia.
La fórmula de apoyar un gobierno sin implicarte en la gobernabilidad, tiene más desventajas para quien le toca ejercer la acción de gobierno, porque le obliga constantemente a negociar y pactar con quienes te apoyan. Son gobiernos inestables. La fórmula de gobierno en coalición tiene, en cambio, desventajas para el partido minoritario porque la propia consustancialidad del Consejo de Ministros te obliga no sólo al secreto de las deliberaciones del mismo, sino a la unidad de criterio y defensa de las decisiones tomadas como gobierno. No puede haber dos gobiernos en uno, eso sólo ocurre con el misterio de la Santísima Trinidad.
Este es uno de los problemas por los que atraviesa el líder de Podemos, Pablo Iglesias. No haber entendido o aceptado esta lógica del poder. No se puede estar en misa y repicando. Si estás en el gobierno eres gobierno. Si estas sólo apoyando desde el Parlamento (previa negociación de un programa) tienes la libertad de marcar tu propia agenda de partido, controlar al gobierno y discrepar de sus acciones. Iglesias optó por lo primero, pero cuando lo ve oportuno, asume que tiene derecho a marcar su propia agenda desde Moncloa, sede del gobierno.
Quienes tienen derecho a marcar su propia agenda son los partidos. Nos habríamos ahorrado muchos disgustos si las discrepancias, enfrentamientos, propuestas, opiniones, dichas en estos meses de legislaturas por Pablo Iglesias, hubiesen sido dichas desde la sede de Podemos, no desde la Moncloa, desde la vicepresidencia, a la salida de un Consejo de Ministros. Es lo que tiene acaparar todo el poder dentro de una formación política que, para mayor contradicción, proviene de un movimiento asambleario, que dice poner el acento en los círculos y, su divisa es el compartir poder, porque “no somos como los partidos tradicionales”.
No vamos a insistir, desde aquí, en las “torpezas” que han ido aflorando en estos meses de legislatura (sobradamente conocidas y apuntadas), pero sí volver a reseñar sobre las dos últimas que, en mi opinión, son más que “torpezas”. El llamado “caso Dina” (del robo de su móvil a la manipulación de la tarjeta) de la exasesora de Pablo Iglesias, Dina Bousselhamun, las cloacas del Estado y el enfrentamiento con periodistas.
Lo primero que conviene señalar para contextualizar los hechos es que cloacas del Estado existen en todos los países del mundo (lamentablemente). Ahí tenemos para certificarlo a “Pegasus”. No nos vayamos a poner espléndidos pensando que nos las han creado para nosotros. (Sólo en el Paraíso no se han creado porque ya funcionan en el Vaticano). El seguimiento ilegal y la fabricación de expedientes falsos al líder de Podemos es un hecho incontestable y destapado por la prensa y en parte sustanciado ya por la justicia. Sólo faltaba el correspondiente al robo del móvil en el amplísimo “caso Villarejo”. En eso estábamos (mejor dicho, en eso estaba la justicia) con el líder de Podemos, como perjudicado, cuando surge el tema de la tarjeta del móvil, pieza esencial para el caso. El Juez instructor (no olvidemos que estamos en fase de instrucción) comprueba que la tarjeta no se devolvió a la interesada hasta dos meses después (¡!) y esta estaba manipulada y dañada. ¿Qué juez de instrucción no averigua lo que ha pasado con dicha prueba? ¿Es que sólo vale ponernos magníficos cuando se destroza el disco duro del ordenador de Bárcenas, pero no cuando ocurre algo parecido con una tarjeta de un móvil? No puede haber torpeza mayor en el marco de un juicio en el que “casi” lo tienes ganado.
Que un miembro del gobierno señale a la prensa y critique a un periodista en particular con nombres y apellidos, no sólo es una torpeza sino un despropósito que sólo puede restar más que sumar (sólo suma para la parroquia). Bastante tiene Podemos con el linchamiento de la derecha, extrema derecha y sus colaboradores mediáticos, para poner en contra a la prensa más profesional y menos combativa.
Vicente Vallés no es Ignacio Escolar ni Jesús Marañas, pero tampoco es Jiménez Losantos o Eduardo Inda y es, por el contrario, un periodista respetado por sus compañeros de profesión. Por ello, muchos periodistas han salido en su defensa (no me refiero a la prensa de la caverna), entre ellas, Esther Palomero, Elisa Beni (colaboradoras de Diario.es, La Sexta). Es verdad, como señala Pisarello (En Común Podem), “No hay caso Dina, sino caso Villarejo y caso cloacas del Estado”, pero la torpeza lo está condicionando todo porque un vicepresidente de gobierno no puede librar batallas personales contra la prensa en general y menos contra periodistas concretos. Lo pierde.
Marcelo Noboa Fiallo
Gijón, 16 de julio de 2020
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