¿16J, funeral o farsa?
Soy familiar directo de víctima mortal del covid-19. Este jueves, 16 de julio de 2020, ha tenido lugar un hipócrita simulacro de duelo en el Palacio Real. No me he sentido concernido. Es más, no lo he considerado siquiera un duelo a semejante farsa y no comprendo cómo algunos han accedido a participar en semejante espectáculo. Qué decepción.
No he seguido el acto por TV. Apenas una parte del discurso del monarca. Palabras huecas. Decepcionante. Qué diferente de aquel otro del 3-O. Me duele cómo ha accedido a esta tapadera de unos óbitos que, de haberse hecho las cosas bien, no tenían por qué haberse producido. El efecto que ha tenido en mí ha sido aumentar más, aún si cabe, la indignación. Semejante espectáculo me ha parecido tan miserable y odioso cómo el propio fallecimiento de mi madre. Lejos de proporcionarme algo de paz, ha tenido el efecto contrario, como puede deducirse.
El periodista Calleja ha sido expresamente honrado, pero mi madre no. No sé, siquiera, si estaba está entre los 28.000 muertos reconocidos oficialmente y concernidos por este pseudo-funeral. Tampoco he recibido ni reconocimiento ni invitación alguna. Ni siquiera una carta, como la que recibimos a principios de año para comunicar una subida de dos euros en la cuantía de la pensión. En consecuencia, este no era nuestro funeral.
Así no. Nuestro funeral será el día 21 de julio de 2020, en la iglesia de Pola de Laviana, en un acto mucho más íntimo, pero mucho más emotivo y humilde, sin tanto boato ni hipocresía y, sin duda, como ella hubiera preferido.
Sobraron los discursos. ¿Qué digo discursos? ¡Sobró todo! ¿Qué funeral de víctimas de las que ni siquiera se conoce su nombre y se excluyen a otras 20.000? Por sobrar, sobró el pebetero y sobraron muchos asistentes, alguno tan significativo como el miserable Dr. Simón, mentiroso, científico de pacotilla y mamporrero del Gobierno en un engaño colectivo con 50.000 consecuencias mortales.
Tampoco me sentí motivado por la vaselina de reconocimiento por el confinamiento sufrido durante más de 3 meses. Tampoco la esperaba. La única motivación que he tenido para ello ha sido la de mi propia responsabilidad para protegerme del contagio.
Ahora, el único acto que espero para honrar la memoria de mi madre es un juicio que dé con los huesos en la cárcel de todos aquellos que han sido colaboradores en su muerte.
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